Ambientada en el Reino Unido, pero puede polarizarse a cualquier país, que estoy seguro que existen estos "problemas" y no se ha descubierto o no se ha querido descubrir.
Las interpretaciones son excelentes, la fotografía, ayudada por los magníficos paisajes, son notables. Cuatro capítulos, justos y suficientes para disfrutar de una buena miniserie.

En diferentes sucursales de Correos de todo el país comienzan a detectarse extrañas pérdidas financieras. Incapaces de hacer frente a las deudas, muchos empleados ven cómo les cierran sus negocios

Alan Bates y otros subdirectores comienzan su lucha con nuevos aliados en Westminster, pero primero deben convencer a un investigador independiente de su honestidad.

Alan se alía con la administración de Correos con la esperanza de que él y el resto de empleados puedan obtener justicia por fin, pero están depositando su confianza en personas que los han decepcionado antes.

Enfrentándose al poder de la administración de Correos y a su equipo legal, Alan y la JFSA deben luchar una vez más para demostrar su inocencia y obtener justicia.
Es una serie que muestra que los políticos por supuesto que fallan, que los jueces por supuesto que fallan, que las leyes por supuesto que no son infalibles, que la democracia no se defiende sola, sino que hay que luchar cada día por ella, con arrebatos de dignidad y tozudez como los del señor Bates.
Con una dirección solvente, la historia no se hace tediosa, pese a que abundan los diálogos de carácter legal, judicial, económico, etc.
Sin duda, cuatro horas muy bien aprovechadas.
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