Al ir a Valladolid el lunes llamamos a María y nos confirma la salida el fin de semana. Nos explica que sólo le dan tres días porque todavía está recién aterrizada en la casa y no quieren soltar mucho la cuerda. También nos explica que de momento las salidas son acompañadas, por lo tanto en casa no debe quedar con nadie sin estar nosotros. Y el teléfono móvil debe ser tasado en su tiempo libre y nada más. Es decir, nos da unas normas para que las cumplamos y se las hagamos cumplir. Por otro lado nos comenta que los informes del hospital son dispares. El del hospital de urgencias no detecta nada y lo achaca todo a conducta. Sin embargo la doctora y la psiquiatra del hospital de día no están de acuerdo y dan un pronóstico de alto riego de enfermedad o trastorno mental. De momento riesgo, pero ahí queda. Hablamos de Ana y nos dice que la ha llamado para decirle que no puede ir a las citas de ninguna manera, pero que ha hablado con nosotros y que estaríamos encantados de llevarla. Le comento que a nosotros nos ha dicho que María le había sugerido que nos lo dijera y que a ella le parece bien que vaya con nosotros. Es decir, juega con todos, a nosotros nos lo pinta como que María lo ha sugerido (así no podemos negarnos) y a María le cuenta que nosotros lo hemos sugerido (para que lo vea más fácil). Con Ana nunca te puedes fiar porque la mentira y la manipulación para salirse con la suya siempre están presentes.
El miércoles la llamamos desde La Vecilla al volver de la cascada del Curueño. Le recordamos que vamos a buscarla el viernes para pasar el fin de semana. Le contamos que hemos llevado las planchas del pelo a Ana y se enfada. No entiendo la relación de estas dos, una regala y luego pide que le devuelvan lo regalado. La otra está encantada con su madre, pero no entiende su actitud. El caso es que los que nos llevamos la mala leche y los lloros somos nosotros. Le decimos que hemos ido a Valladolid a ayudar con el cambio de casa y se queda alucinada del nuevo cambio. Hasta ella, a su edad, se da cuenta de la falta de normalidad. Luego nos pide que pueda quedar con amigos. De nuevo le explicamos las condiciones que nos han dado para su salida. En fin, será un tira y afloja continuo. Pero esto es lo normal con un adolescente. Lo bonito es poder hablar con ella dos días a la semana y además poder estar un día entero juntos. Esto me quita la inquietud pero nos deja mantener las distancias. Termina preguntando cuando hay otro puente y le decimos que el 1 de mayo, por lo que nos pide que lo solicitamos para que pueda dormir en casa.
Viernes a las 8 y media ya estamos en carretera y a las 10 la cogemos para volver a casa. Es increíble pero a las 11 y media ya estamos de nuevo en casa. Como es pronto lavo el coche y lo recargo de gasoil. Todavía tomamos un café de media mañana y la niña se pone a jugar a Roblox mientras veo una película. Así estamos juntos en el salón pero cada uno a lo suyo. Nos pide arreglarse las uñas pero, después de la experiencia de Elena, le decimos que no. Y empezamos con lo de la ansiedad. No sé en qué grado es cierto y en qué grado es caradura. El caso que tenemos una pequeña bronca que se diluye en nada en cuanto vuelve al ordenador. La comida llega y la conversación vuelve a girar sobre las uñas, hasta que la corto. Luego intenta quedar con amigos, pero le sale todo mal. Al final Ángel queda con ella y le decimos que ande por el barrio. Dicho y hecho, los encontramos en San Juan de Sahagún. En principio bien, parece un chico tranquilo con las mismas pintas que ella. A las nueve vuelve a casa y cena conmigo en el salón viendo, por fin, la película "Wonka" entera. Ha estado bien. Le cuesta un poco devolver el móvil, pero es lo normal en un adolescente.
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