Vamos a recorrer la mitad del trayecto de Elena y así el tren le saldrá más barato y será más corto. Y de paso hacemos turismo.
Vamos por la nacional 120 siguiendo el camino de Santiago y paramos en Santo Domingo de la Calzada. Vemos el pueblo y tomamos un café. Es bonito, tiene catedral y casas blasonadas. Pero al ser pequeño se ve en un momento. Eso sí, se ven peregrinos de muchas nacionalidades por la calle principal. Y es agradable ver cómo las personas viajan solas sin problemas, se comunican, se sonríen y continúan sin generarse acritud entre nadie.
Logroño. Años pasando por aquí y nunca habíamos parado. Con las prisas de Elena sólo nos da tiempo a tomar unas cañas en la calle de los bares. Con sus tapas correspondientes: unos bocadillos de picadillo con huevo encima y pimiento y patatas con morcilla. El problema de los pinchos en Logroño es que los cobran aparte de la bebida y se hace caro. Los dos bares nos han salido como dos menús. Y en realidad no hemos comido, sólo hemos picado algo.
Café en el bar de la estación, un edificio enorme para cuatro viajeros. Lo mejor es que lo han cubierto de verde haciendo un parque que se integra como una colina verde en la ciudad. Despedimos a Elena y vuelta a casa.
Nos paramos en Tosantos a ver la iglesia rupestre de la ermita de la Virgen de la Peña. Pequeño paseo de subida que se hace en un momento pero que ya notamos, los años no perdonan! Luego paramos en la carretera a ver la iglesia y el hospital de Valdefuentes (de la ermita queda poco y del hospital nada). No sabemos la razón pero está totalmente abandonado. Una pena, pero nos alegramos de la suerte de poder ver la ermita todavía en pie.
Ya pasado Burgos nos desviamos a Villalcazar de Sirga para admirar la impresionante iglesia del pueblo. Cogemos una carretera secundaria que nos lleva por la planicie inmensa de Castilla y que nos ilusiona de nuevo, como siempre, como la primera vez. El pueblo en sí también merece la pena, aunque está poco habitado. Se ve todo muy cuidado y arreglado con gusto. Una temperatura agradable nos permite sentarnos en la terraza del bar enfrente de la iglesia y tomar una tónica y una coca cola. Entre la temperatura y las vistas de la iglesia todo es muy amable y disfrutable.
Antes de volver al coche nos fijamos en que las columnas que flanquean el pórtico se abren por la parte de arriba. Parece como si la de la derecha se inclinara a la derecha y la de la izquierda se inclinara a la izquierda.
Un fin de semana largo que se nos ha hecho, gracias a tener a Elena con nosotros, gigantesco. Qué bien todo!