lunes, 27 de julio de 2026

Vacaciones en Italia sexto día, Galatina, Corigliano d'Otranto y Gallipoli

El día amanece muy ventoso. Hoy hemos dormido mejor porque el ruido nocturno nos ha respetado hasta las 5 de la mañana. Y luego fue media hora de gritos y nos volvimos a dormir hasta las 8 y media. Hemos desayunado en la terraza con los cafés y los dulces que compramos ayer en el supermercado y nos hemos ido de excursión. 

Primera parada del día Galatina. Sin tregua de ningún tipo nos metemos en una cafetería a tomar un café porque empezaba a llover. Al final fueron cuatro gotas y cayeron al salir, con lo que nos tuvimos que resguardar en un portalón. Nos sorprende desde el principio por sus palacios y sobre todo por la maravillosa iglesia barroca. 


Sobria por fuera, espectacular por dentro. Pinturas, columnas, retablo, ... todo soberbio. 


Un paseo por el pueblo nos lleva hasta otra iglesia magnífica. La profusión de palacios es increíble. No es Lecce, pero aún así asombra. Lo que más la distingue es que el color de las fachadas, donde en Lecce predominaba ael amarillo, es aquí blanco. En muchos aspectos comentamos que estamos recorriendo de nuevo pueblos blancos. Sólo que en vez de Andalucía, estamos en Plugia.

Segunda parada y es un pueblo más pequeño pero con algunos pequeños palacios, un castillo aragones y otra iglesia barroca, aunque mas sencilla que las de Galatina. Lo curioso del caso es que, siendo un pueblecito tenga un castillo de estas dimensiones. Sorprende lo que los aragoneses llegaron a hacer por esta zona.

Tomamos un vermut en un bar en el que charlamos un rato con la hija del dueño que hizo el Erasmus en Salamanca y habla muy bien español. Tomamos un granizado esquisto en el que nos ponen de tapa tres tarros de panecillos típicos de la zona y una bandeja de aceitunas. No nos atrevemos a tocar la tapa por miedo a que nos la cobren y luego resulta que es el sitio más barato en el que hemos estado e iba incluida. Lo que ha sido muy agradable es la conversación con la chica ay sus padres. Les quitamos la inquietud por el dinero que habían gastado en el Erasmus comentándoles que su hija lo ha aprovechado perfectamente porque habla muy bien.


Como no queremos entrar a Gallipoli y ponernos a buscar restaurante a estas horas, comemos en nuestro restaurante favorito de Alezio (tercera vez) y nos regalan una botella de vino que tenemos que rechazar por el avión. Otro plato esquisto y la gracia de los baberos que nos pone la camarera nos alegran la comida. Y el plato de marisco que se come Elena no se lo salta un torero.

Tarde en Gallipoli. El casco antiguo en una isla con casas más sencillas, pero muy bien arregladas.
 
La catedral es otra joya del barroco con pinturas por todas las paredes, también extraordinarias. 


Pero la joya de la isla es el paseo marítimo por las murallas que caen hacia al mar formando una estampa preciosa. Lo curioso es que la ciudad interior está a la altura de la parte superior de las murallas.  Nos sentamos en un bar en lo alto de la muralla y tomamos un café especial con leche de avellana. No me convence nada y encima me sienta mal al estómago. Hacía mucho aire y la verdad es que estaba de pegada viendo el mar embravecido.

Por no variar tiene otro castillo aragonés. Ya no llama la atención, pero son unas molestias impresionantes que seguro que funcionaban muy bien como defensa de las ciudades.

Volvemos a casa y Elena nos pide que hagamos una pequeña excursión en coche por la costa para ver otras playas.  Lo que vemos es más tranquilo que donde estamos, pero a cambio las playas son de piedras y peores. En medio de esto nos llama a Aitana y nos comenta lo que ha hablado con la doctora hoy, no nos gusta nada!. Después Elena se queda en casa mientras nosotros recorremos el sendero de la costa un rato. Lo necesitábamos después de la desilusionante conversación por teléfono con Aitana. 


Elena no quiere cenar así que volvemos a la Trattoria de Gallipoli, cenamos y nos comemos un helado mientras recorremos el paseo marítimo. Muy agradable, y nos sirve para comprobar que las playas son de rocas y piedrecitas. La única de arena va a ser en la que estamos.


Día completito.


Paseando por Galatina:

Gallipoli, paseo marítimo:

Gallipoli, un bello tomando algo con ventolera:

Gallipoli, paseo por el casco viejo:

domingo, 26 de julio de 2026

Vacaciones en Italia, quinto día, Tarento y playa.

Empezamos mal el día, con la juerga nocturna Elena no ha podido dormir y tiene un careto horrible. Pero desayunamos porque hay un bar "normal" en una placita cercana..
Como ya se ha hecho tarde nos vamos de excursión a Tarento. Y vamos por carreteras secundarias siguiendo la costa. Menos kilómetros, pero se tarda más.

Tarento es una ciudad grande. La parte nueva se extiende con forma de península hasta llegar al mar. Y allí, un puente colgante une la parte moderna con la isla que sostiene la ciudad vieja.

Y muy vieja, la calle principal tiene casas que en su momento tendrían prestancia. Pero está mucho más que deteriorado, es una ruina. 

Encima, se ve que hay poco turismo, y el comercio es escaso. Pero aunque parezca increíble todo empeora a partir de la catedral. 

Las callejuelas retorcidas que se ven son como una película italiana de malos. Los hombres que se sientan en las puertas de naves que, aparentemente, nada contienen parecen sacados de las películas. Las motos que circulan, las conversaciones en susurros que se ven, todo crea un ambiente de suspicacia del que es difícil sustraerse. Quizás nos engañemos, quizás no, pero todo inquieta.

Volvemos de nuevo por la catedral y tomamos un refresco en el único sitio que se puede ver en la calle principal.

Antes de salir vemos el castillo de los aragoneses. Otro más. Aquí el reino dejó muchos recuerdos. Aunque los carteles de hoy en día recuerdan con reiteración algo mucho más antiguo, la "Magna Grecia", de la que la ciudad firmaba parte. 

Después nos paramos a comer en una Trattoria de la ciudad nueva. De nuevo Elena, en modo enfadada, se niega a comer. Peor para ella.

Volvemos por el camino más largo en kilómetros, pero más corto en tiempo. Es curioso que la la mejor manera de volver sea cruzando todo el tacón por una autopista a Brindisi y volver a cruzarlo por otra (vía Lecce) hasta Gallipoli. De manera que pasamos del Jónico del golfo de Tarento al Adriático de Brindisi y de nuevo al Jónico.

Y Elena sigue con las protestas. Se niega a venir a la playa con nosotros y se queda reclamando. Se pierde una tarde maravillosa en la playa sin mucho calor, un agua caliente y una puesta de sol preciosa. Hora y media de baño relajante a más no poder. Y al volver a casa nos cuenta todas lanconveración con la agencia, con Booking y con el técnico que vino. Y al final contesta Booking y nos devuelve 61€. 

Muy bien, pero hay que valorar la pérdida de un día de vacaciones para recuperar 61€. Qué vale más? Lo curioso es que en la cena ha estado alegre. Es decir, la reclamación le ha sentado bien.

Por cierto, volvemos a la Trattoria de ayer, que nos encantó.


sábado, 25 de julio de 2026

Vacaciones en Italia, cuarto día, Otranto y Gallipoli

Empezamos el día desayunando en Lecce. 

Una oportunidad más de ver el casco antiguo con otra luz. Y sigue igual de espectacular. Todas las calles albergan edificios singulares. Portones de entrada, patios, escaleras, ventanas, balcones, esculturas, . ., un sinfín de maneras de hacer que las casas resalten. Incluso los adoquines de las calles, desgastados por siglos de uso, son bonitos. Todo incita a maravillarse en esta ciudad.


Durante el desayuno nos pasaron dos cosas curiosas, tres chicas demasiado arregladas con un hombre repelente que debatimos qué eran, y una llamada de teléfino de la casa para avisarnos que habíamos olvidado el bolso de Tere. La verdad es que se portaron muy bien y nos lo devolvieron en el acto. Muy amables, acordes con la ciudad.

Carretera fácil por la autopista que venimos siguiendo desde Bari y luego otra autopista hasta Otranto que en realidad es una larga recta.

Otranto, un pueblo grande para cerrar Italia. Eso sí, con una gran fortaleza aragonesa. Elena dice que le recuerda a la de Zaragoza. Es evidente que mismos gobernantes, misma época, dan lugar a estructuras semejantes. Los muros imponentes, el patio de armas grande y los fosos que la rodean la hacen inexpugnable (al menos aparentemente, porque fue tomada por los turcos). 

Rodeando la fortaleza y toda la ciudad se alzan unas murallas también imponentes que se dejan ver desde el mar de manera grandiosa.

Desde tierra, al tener casas adosadas impresionan menos. Lo que sí impresiona es la puerta de tierra, doble. 

La primera para pasar al foso y la segunda ya para entrar en la ciudad.

Las callejuelas interiores son típicas de todos los puertos de esta zona que hemos visto en este viaje y en el de Croacia.



La doble columnata muy parecida a las iglesias mozárabes,
 
los frescos representados en las paredes sobre estucados, 

el suelo de figuras en mosaicos infinitos, 



La cripta con columnata y altar (que en realidad no está bajo tierra, es la base sobre la que se sustenta el suelo de la zona del altar para que la iglesia esté en horizontal, cuando en realidad se costruyó en una colina),

Los techos recubiertos de moqueta (algo que no había visto nunca).

La iglesia más antigua de la ciudad con las paredes con frescos es la segunda salvedad. 


Y un punto final, el paseo sobre las murallas en la zona maríotima que es agradable y nos permite disfrutar de un momento relajado tomando tres cócteles en un bar.

Viaje por el interior hasta "Baia Verde". 

Paramos a comer en un sitio de carretera en un cruce que nos encantó, habrá que volver!. 

Tenemos la primera desilusión del viaje. La casa que parecía increíble en las fotos, resulta que es vieja y cutre. No sé si por culpa de eso, o por la cantidad de adolescentes que vemos, Elena se pone negativa y protesta de la playa. Después de un descanso nos vamos y recorremos los doscientos metros de playa abarrotados de gente joven alrededor de varias discotecas. Está claro que este es un lugar de marcha. Pero luego todo cambia y la playa se vuelve más familiar y más tranquila. Pero Elena ya está en modo negativo y ni se baña, ni toma el sol.

Vamos a Cenar a Gallípoli pero Elena sigue en modo negativo y no llegamos ni a parar. Terminamos cenando en un sitio que juzgó mal desde el principio en la zona del Lido. Y en esta zona hay algunas pandillas, pero en general vemos familias como nosotros e incluso mayores. Hasta se negó a comer un helado como nosotros al final. No la entiendo, no quiere marcha, pero cuando la llevamos a una zona tranquila tampoco le gusta.


Vídeo de Tere y Aitana paseando por Otranto:

Catedral de Otranto:

Capilla de los restos óseos:

Cripta de la catedral de Otranto:

Coctel sobre el mar:

Torre Motta:

Puerta de Tierra: