Como ya se ha hecho tarde nos vamos de excursión a Tarento. Y vamos por carreteras secundarias siguiendo la costa. Menos kilómetros, pero se tarda más.
Tarento es una ciudad grande. La parte nueva se extiende con forma de península hasta llegar al mar. Y allí, un puente colgante une la parte moderna con la isla que sostiene la ciudad vieja.
Y muy vieja, la calle principal tiene casas que en su momento tendrían prestancia. Pero está mucho más que deteriorado, es una ruina.
Encima, se ve que hay poco turismo, y el comercio es escaso. Pero aunque parezca increíble todo empeora a partir de la catedral.
Las callejuelas retorcidas que se ven son como una película italiana de malos. Los hombres que se sientan en las puertas de naves que, aparentemente, nada contienen parecen sacados de las películas. Las motos que circulan, las conversaciones en susurros que se ven, todo crea un ambiente de suspicacia del que es difícil sustraerse. Quizás nos engañemos, quizás no, pero todo inquieta.
Volvemos de nuevo por la catedral y tomamos un refresco en el único sitio que se puede ver en la calle principal.
Antes de salir vemos el castillo de los aragoneses. Otro más. Aquí el reino dejó muchos recuerdos. Aunque los carteles de hoy en día recuerdan con reiteración algo mucho más antiguo, la "Magna Grecia", de la que la ciudad firmaba parte.
Después nos paramos a comer en una Trattoria de la ciudad nueva. De nuevo Elena, en modo enfadada, se niega a comer. Peor para ella.
Volvemos por el camino más largo en kilómetros, pero más corto en tiempo. Es curioso que la la mejor manera de volver sea cruzando todo el tacón por una autopista a Brindisi y volver a cruzarlo por otra (vía Lecce) hasta Gallipoli. De manera que pasamos del Jónico del golfo de Tarento al Adriático de Brindisi y de nuevo al Jónico.
Y Elena sigue con las protestas. Se niega a venir a la playa con nosotros y se queda reclamando. Se pierde una tarde maravillosa en la playa sin mucho calor, un agua caliente y una puesta de sol preciosa. Hora y media de baño relajante a más no poder. Y al volver a casa nos cuenta todas lanconveración con la agencia, con Booking y con el técnico que vino. Y al final contesta Booking y nos devuelve 61€.
Muy bien, pero hay que valorar la pérdida de un día de vacaciones para recuperar 61€. Qué vale más? Lo curioso es que en la cena ha estado alegre. Es decir, la reclamación le ha sentado bien.
Por cierto, volvemos a la Trattoria de ayer, que nos encantó.