Desde el primer momento la niña ha vuelto a las andadas, encerrándose en su habitación, protestando por el móvil y el ordenador, no reconociendo nuestra autoridad y enfrentándose permanentemente. Las protestas infinitas se han radicalizado en las comidas, todo son ataques, por la religión, por la edad, por nuestros principios y, sobre todo, porque no se sale con la suya. Los dibujos tétricos, la música que escucha, los vídeos de YouTube, ... todo lleva violencia explícita e implícita, y amenazas veladas!. Los dibujos satánicos en papel y sobre su cuerpo se aderezan con charlas atacando permanentemente la religión. Los insultos a los "cristianos" son habituales. El enfrentamiento con nosotros es infinito, nunca tiene fin. Y cuando saca cualquier crítica a las vacaciones nos achaca los males de su madre siempre. Cualquier defensa posterior lleva aparejada una venganza en la misma comida, el resto del día y la cena. Sabe perfectamente lo que nos duele y lo usa sin consideración en todo momento. Mal asunto, nos demuestra maldad. Posiblemente la misma maldad que le indujo a hacer las cosas que le han llevado a la casa. Y eso nos preocupa porque no podemos arriesgarnos a tener esa maldad en casa. Por otro lado, nos duele en el alma pensar que pueda volver a la casa. Y esa dicotomía nos está torturando en todo momento. Las idas y venidas de pensamientos en una u otros dirección nos están matando.
Y otra movida. Aitana le pasa los datos de mi cuenta en PayPal a su amigo de Toreno y éste le hace un pedido en AliExpress, pero pagando con mi dinero. Impresentable. Y un robo!. No sé por qué me da que nos lo va a poner fácil para decidir que se quede donde está y no vuelva con nosotros a casa.
Decidimos dejarla el fin de semana con Ana y aprovechar para a irnos a Salamanca con Javier y Zulema. A ver qué tal?
A la vuelta de Salamanca cenamos con Ana y Aitana y, encima de tener que invitar yo, nos montan una movida con el cuento del dinero (que raro!) y del problema de la niña en la casa con otro niño. Nos negamos a entrar en la discusión y dejamos a la madre en su casa. Pero la vuelta en coche hasta León ha sido dantesca. Se ha pegado a los asientos y nos ha repetido que nos tiene controlados a los dos, nos ha dicho que dejemos de meternos con su madre (hoy ha visto el ataque de su madre como un ataque nuestro!), nos ha amenazado diciendo que ella es mucho peor que su madre y que nos preparemos, que a partir de mañana ella va a salir cuando le dé la gana, que no nos sintamos seguros porque ella está ahí, vigilando, ...
En casa se ha negado a tomar las pastillas (por cierto, las que tenía que tomar con Ana sí las tomó) y se ha encerrado con un portazo.
Hemos decidido llevarla el lunes, cuatro días antes a Cayés porque esto no se puede admitir ni soportar. Así que el lunes por la mañana llamamos y les confirmamos que la llevamos. Luego se lo hemos contado a ella y nos ha llamado de todo menos guapos, y nos hace una peineta.
La llevamos y luego llamamos a Ana y se lo explicamos, aunque está enfadada y se rebota. Nada no esperable.
El martes posterior ha sido frustrante. El trabajo de años y años, el amor absoluto, la preocupación permanente y los desvelos no han servido para nada. Me imagino que, de mayor, se verán resultados en el carácter de Aitana. Pero para nosotros, aquí y ahora, la impresión es de fracaso absoluto. Estamos seguros que el tema de su madre es lo que más ha influido en todo esto, pero no quita para que suframos. Sin embargo, hace muchos años, hablamos que no habría segunda parte del tema de Ana. Y esto se parece mucho a una repetición. Literalmente nos duele todo, pero no podemos más.