En la serie no hay rastro de ese glamour. La ambientación es magnífica, no desmerece los niveles habituales de las series británicas. Pero aquí se utiliza para acentuar la gravedad del relato. Con una iluminación y unos tonos mate y sombríos muy acertados para ese propósito.
Los diálogos, avances y retrocesos, remarcan siempre la complejidad de los sucesos y de las decisiones, a veces incompresibles, que asumen los personajes.
La protagonista sobresale con credibilidad sobrada, de principio a fin. Pero está rodeada de profesionales de gran nivel, todos convincentes.

Ruth Ellis es arrestada por matar a su amante, David, con una pistola en la mano. Mientras la policía ve un caso claro y conciso, su abogado, John Bickford, sospecha que hay algo más en la historia.

En el Old Bailey, Ruth se enfrenta a un juicio marcado por la clase social británica y los prejuicios legales. Bickford teme que esté ocultando detalles vitales que podrían salvarla. Fuera del tribunal, descubrimos sus sacrificios por David y un triángulo amoroso tóxico.

Declarada culpable y condenada a la horca, Ruth reflexiona sobre su relación, sus sueños perdidos y su embarazo, mientras su abogado presiona al Ministerio del Interior para obtener un indulto. Desesperada y dependiente de Desmond para su hijo, Ruth enfrenta el peso de su inminente destino.

El día antes de su ejecución, Ruth finalmente accede a contarle a su nuevo abogado, Victor Mishcon, toda la historia, toda la verdad. Mishcon tiene veinticuatro horas para salvarle la vida.
Desoladora serie sobre los momentos finales de esta mujer. Contar la historia desde el recuerdo de una mujer que vemos que va a ser ajusticiada, es estremecedor. En ningún momento dejas de sentirte acongojado. Parece que no puedes creer que todo lo que estás viendo pueda terminar tan mal. Pero nada avanza en la serie que te lleve a pensar que cambie con algún giro inesperado final. Inclusive el hecho de tener un bebé que hace que la tensión por el futuro del mismo te lleve a momentos de paroxismo. Pero todo va como un reloj y termina en el final que nos enseñan desde la primera escena. Sólo que al final conoces mucho mejor el caso y te das cuenta de la desolación, física y mental, de la mujer es tan terrorífica que no la puedes ver como una asesina, si no como una desgraciada víctima de un marcista que no fue capaz de desligarse del lazo que éste le tendió. Por supuesto, al finalizar la serie, como seres humanos no podemos dejar de pensar que está mal asesinar a sangre fría. Pero somos capaces de ver y entender las desgraciadas motivaciones de la víctima del narcisista (que también es víctima, puesto que es asesinado). Magnífica serie. Lo de las series inglesas debería ser estudiado e impartido como modelo. La diferencia con la inmensa mayoría de series españolas no puede ser más abismal.



























