domingo, 26 de julio de 2026

Vacaciones en Italia, quinto día, Tarento y playa.

Empezamos mal el día, con la juerga nocturna Elena no ha podido dormir y tiene un careto horrible. Pero desayunamos porque hay un bar "normal" en una placita cercana..
Como ya se ha hecho tarde nos vamos de excursión a Tarento. Y vamos por carreteras secundarias siguiendo la costa. Menos kilómetros, pero se tarda más.

Tarento es una ciudad grande. La parte nueva se extiende con forma de península hasta llegar al mar. Y allí, un puente colgante une la parte moderna con la isla que sostiene la ciudad vieja.

Y muy vieja, la calle principal tiene casas que en su momento tendrían prestancia. Pero está mucho más que deteriorado, es una ruina. 

Encima, se ve que hay poco turismo, y el comercio es escaso. Pero aunque parezca increíble todo empeora a partir de la catedral. 

Las callejuelas retorcidas que se ven son como una película italiana de malos. Los hombres que se sientan en las puertas de naves que, aparentemente, nada contienen parecen sacados de las películas. Las motos que circulan, las conversaciones en susurros que se ven, todo crea un ambiente de suspicacia del que es difícil sustraerse. Quizás nos engañemos, quizás no, pero todo inquieta.

Volvemos de nuevo por la catedral y tomamos un refresco en el único sitio que se puede ver en la calle principal.

Antes de salir vemos el castillo de los aragoneses. Otro más. Aquí el reino dejó muchos recuerdos. Aunque los carteles de hoy en día recuerdan con reiteración algo mucho más antiguo, la "Magna Grecia", de la que la ciudad firmaba parte. 

Después nos paramos a comer en una Trattoria de la ciudad nueva. De nuevo Elena, en modo enfadada, se niega a comer. Peor para ella.

Volvemos por el camino más largo en kilómetros, pero más corto en tiempo. Es curioso que la la mejor manera de volver sea cruzando todo el tacón por una autopista a Brindisi y volver a cruzarlo por otra (vía Lecce) hasta Gallipoli. De manera que pasamos del Jónico del golfo de Tarento al Adriático de Brindisi y de nuevo al Jónico.

Y Elena sigue con las protestas. Se niega a venir a la playa con nosotros y se queda reclamando. Se pierde una tarde maravillosa en la playa sin mucho calor, un agua caliente y una puesta de sol preciosa. Hora y media de baño relajante a más no poder. Y al volver a casa nos cuenta todas lanconveración con la agencia, con Booking y con el técnico que vino. Y al final contesta Booking y nos devuelve 61€. 

Muy bien, pero hay que valorar la pérdida de un día de vacaciones para recuperar 61€. Qué vale más? Lo curioso es que en la cena ha estado alegre. Es decir, la reclamación le ha sentado bien.

Por cierto, volvemos a la Trattoria de ayer, que nos encantó.


sábado, 25 de julio de 2026

Vacaciones en Italia, cuarto día, Otranto y Gallipoli

Empezamos el día desayunando en Lecce. 

Una oportunidad más de ver el casco antiguo con otra luz. Y sigue igual de espectacular. Todas las calles albergan edificios singulares. Portones de entrada, patios, escaleras, ventanas, balcones, esculturas, . ., un sinfín de maneras de hacer que las casas resalten. Incluso los adoquines de las calles, desgastados por siglos de uso, son bonitos. Todo incita a maravillarse en esta ciudad.


Durante el desayuno nos pasaron dos cosas curiosas, tres chicas demasiado arregladas con un hombre repelente que debatimos qué eran, y una llamada de teléfino de la casa para avisarnos que habíamos olvidado el bolso de Tere. La verdad es que se portaron muy bien y nos lo devolvieron en el acto. Muy amables, acordes con la ciudad.

Carretera fácil por la autopista que venimos siguiendo desde Bari y luego otra autopista hasta Otranto que en realidad es una larga recta.

Otranto, un pueblo grande para cerrar Italia. Eso sí, con una gran fortaleza aragonesa. Elena dice que le recuerda a la de Zaragoza. Es evidente que mismos gobernantes, misma época, dan lugar a estructuras semejantes. Los muros imponentes, el patio de armas grande y los fosos que la rodean la hacen inexpugnable (al menos aparentemente, porque fue tomada por los turcos). 

Rodeando la fortaleza y toda la ciudad se alzan unas murallas también imponentes que se dejan ver desde el mar de manera grandiosa.

Desde tierra, al tener casas adosadas impresionan menos. Lo que sí impresiona es la puerta de tierra, doble. 

La primera para pasar al foso y la segunda ya para entrar en la ciudad.

Las callejuelas interiores son típicas de todos los puertos de esta zona que hemos visto en este viaje y en el de Croacia.



La doble columnata muy parecida a las iglesias mozárabes,
 
los frescos representados en las paredes sobre estucados, 

el suelo de figuras en mosaicos infinitos, 



La cripta con columnata y altar (que en realidad no está bajo tierra, es la base sobre la que se sustenta el suelo de la zona del altar para que la iglesia esté en horizontal, cuando en realidad se costruyó en una colina),

Los techos recubiertos de moqueta (algo que no había visto nunca).

La iglesia más antigua de la ciudad con las paredes con frescos es la segunda salvedad. 


Y un punto final, el paseo sobre las murallas en la zona maríotima que es agradable y nos permite disfrutar de un momento relajado tomando tres cócteles en un bar.

Viaje por el interior hasta "Baia Verde". 

Paramos a comer en un sitio de carretera en un cruce que nos encantó, habrá que volver!. 

Tenemos la primera desilusión del viaje. La casa que parecía increíble en las fotos, resulta que es vieja y cutre. No sé si por culpa de eso, o por la cantidad de adolescentes que vemos, Elena se pone negativa y protesta de la playa. Después de un descanso nos vamos y recorremos los doscientos metros de playa abarrotados de gente joven alrededor de varias discotecas. Está claro que este es un lugar de marcha. Pero luego todo cambia y la playa se vuelve más familiar y más tranquila. Pero Elena ya está en modo negativo y ni se baña, ni toma el sol.

Vamos a Cenar a Gallípoli pero Elena sigue en modo negativo y no llegamos ni a parar. Terminamos cenando en un sitio que juzgó mal desde el principio en la zona del Lido. Y en esta zona hay algunas pandillas, pero en general vemos familias como nosotros e incluso mayores. Hasta se negó a comer un helado como nosotros al final. No la entiendo, no quiere marcha, pero cuando la llevamos a una zona tranquila tampoco le gusta.


Vídeo de Tere y Aitana paseando por Otranto:

Catedral de Otranto:

Capilla de los restos óseos:

Cripta de la catedral de Otranto:

Coctel sobre el mar:

Torre Motta:

Puerta de Tierra:

viernes, 24 de julio de 2026

Tercer día en Italia, Brindisi, costa y Lecce

Hoy toca camino desde primera hora de la mañana. Y nos vamos a Brindisi. La verdad es no vale mucho. La catedral es la mas sencilla que he visto en mi vida.


Merecen algo más la pena las dos columnas que, cara al mar, marcan el final de la Vía Apia. 

Bajamos las escaleras y hacemos el paseo marítimo hasta el puerto deportivo, con barcos impresionantes, y el militar, donde no nos dejan entrar.


Pero sí que vemos un crucero de los pequeños, que aún así, y en la distancia, se ve gigantesco.


Las calles de la ciudad se nos antojan una película de hace un siglo. No es que estén excesivamente mal, es que todo parece antiguo y decadente.


Y nos vamos al castillo. Está en una isla que se unió a tierra por un muelle. Esto permite cerrar la bahía y tener aguas tranquilas para un muelle deportivo y los astilleros navales militares. Y nos permite a nosotros acercarnos hasta sus puertas (o casi).


No queda más por ver, por tanto cogemos el coche y nos vamos a Lecce, pero por la costa. Una decepción. Las playas son pequeñas y desangeladas. Las poblaciones que hay son conjuntos de chalets que se adivinan como segunda vivienda juntos al mar. No hay nada de ambiente. No queremos ni pensar lo que será esto en invierno. Nos vamos a Lecce porque no hay nada que rascar. Y comemos en un sitio curioso que descubre Tere en internet. Un camarero que es un casta de los buenos. Aunque la comida era original y estaba muy buena.


Ya para entrar en el casco antiguo te encuentras una puerta increíble, con una explanada para llegar a ella de losas parecidas a las de todas las ciudades de Croacia.


Las calles son increíbles, cada casa parece un palacio. 


Aunque la joya de la corona destaca por su grandiosidad.
Las ruinas de un anfiteatro romano nomson muy espectaculares, pero al estar en la plaza principal llaman mucho la atención.

Otra iglesia de Santa Clara. Las hay por todo el mundo. Ésta tiene una fachada muy bonita.


La plaza de la catedral aparece como por encanto, con ser tan grande llama la atención que sólo está abierta por un lado y no se puede llegar por ningún otro sitio.


Es tan hermoso que las fotos no dicen verdad. Es imposible reflejar el alma al pasear por estas calles palaciegas en una imagen. Las sensaciones no se pueden transmitir.


Cenamos y volvemos al apartamento recorriendo de nuevo las calles, ahora iluminadas.


Y otro paseo en el desayuno nos muestra más palacios y otra iglesia barroca, la de Santa Irene. Cada calle enseña un nuevo palacio, una nueva ilusión es una maravilla.


El interior barroco de la iglesia es desbordante. Hay columnas talladas hasta el extremo. El altar es más sencillo pero las capillas laterales desbordan tallado de piedra y figuras hasta el extremo.


Después de verla se entiende el calificativo de Florencia del sur. No tiene los maravillosos museos de la original, pero las calles, en pequeño, son un espectáculo continuo que te encandila. Es que hasta las losas del suelo, lisas y desgastadas por siglos de uso, son maravillosas. Está ciudad ha sido todo un descubrimiento.

Vídeo de Tere y Elena paseando por Lecce y buscando para cenar: