Después de pasar un día entero paseando por Lisboa, decidimos ir a cenar al barrio de Alfama. Por eso nos metemos a la derecha de la catedral por la calleja que desciende. Una calleja que, sorprendentemente, tras pasar el primer requiebro se alarga muchísimo más de lo que aparenta. Nada más entrar nos encontramos un vendedor que nos ofrece tres alternativas para escuchar fados. La verdad es que le seguimos, pero después de ver los tres decidimos seguir y adentrarnos más y más en el barrio. Los sitios se van haciendo más populares, pero rápidamente vemos que son una atracción turística, muy lejos de lo que pudiera ser la esencia del fado.
Una fotos después, nos damos la vuelta y volvemos a la catedral para bajar a la Baixa a cenar. Pero en la Rúa da Conceição, esquina dos faqueiros nos metemos en un pequeño bar donde cenamos un menú barato y de la mejor calidad que hemos probado en Lisboa.
Sólo queda dar otro paseo por la Baixa que se convierte en una fiesta, gracias un africano que toca unos tambores con todo el ritmo que nadie se pueda imaginar. Hasta la niña bailó con él.
De nuevo en la plaza del Rossio decidimos aprovechar el bono que tenemos para volver al hotel y así probar el metro de Lisboa.
lunes, 5 de septiembre de 2016
Vacaciones de verano 2016. Décima quinta parte
jueves, 1 de septiembre de 2016
Vacaciones de verano 2016. Decimo cuarta parte
La costa de Portugal en la desembocadura del Tajo, entre Belém y Cascais tiene una luz especial. Es una costa de pequeñas calas en la que se ven mansiones espectaculares, algunas venidas a menos de épocas pasadas. Se pasa por Estoril donde los sueños de la existencia de un rey de España en el exilio se nos hacen muy presentes. Vemos el casino, pero lo nuestro no es jugar. Un recorrido en coche y nos vamos hasta Sintra. Está muy cerca, pero ya es Sierra. Nada más llegar al centro cogemos la carretera que sube al castillo da Pena, pero no nos apetece entrar. Después de los Jerónimos nuestras ansias de arte están colmadas.
Así que bajamos al centro de la ciudad a pasear por las Callejas estrechas en cuesta, a comer, a deleitarnos con unas casadiellas (no malas, pero nada que ver con las asturianas), e incluso a encontrarnos con Jesús, compañero de Tere en el Instituto y mío de matería y Sindicato.
Poco a poco a cae el día y volvemos a Lisboa para pasear un rato por la plaza de Comerço y por la Baixa. La plaza se abre al río con una escalinata poblada de gente disfrutando de la brisa y el paisaje. La Baixa, por contra, no refleja tranquilidad, está llena de bares con gente cenando, tomando algo o, simplemente, disfrutando de los espectáculos callejeros que hay.
Antes de terminar el día, Maritere compra en un bar un coco y disfruta tomando el jugo con una pajita. Otra experiencia pendiente de hacer que se cumple.
martes, 30 de agosto de 2016
Vacaciones de verano 2016. Decimotercera parte
Volver de Lisboa se antojó, por momentos, una misión imposible.
A saber , empezamos el día encontrándonos la cafetería de nuestros desayunos cerrada. Si bien es cierto que nos condujo a encontrar otra muy curiosa, con todo tipo de billetes en las paredes y con un pequeño escenario para actuaciones por las tardes.
Después el coche no arrancaba. Tras llamar al seguro nos encontramos que la batería está ya, claramente, dañada y con marcas de haber sido arrancada varias veces. La grúa nos la arranca y nos ponemos en marcha hasta Aveiro. Tuvimos que conducir forzando las revoluciones pensando que así la cargábamos bien. Pero tras comer en Aveiro y disfrutar del único canal, nos encontramos de nuevo con la falta total de carga. Después de llamar al seguro de nuevo, Alfonso se muestra brillante y para a un taxi que resulta que lleva pinzas y nos ayuda arrancándonos el coche.
Pero antes de continuar el viaje comentar algo sobre Aveiro. Está claro que se trata de una ciudad de vacaciones. Todo enfocado al turismo. Las barcas, simulando góndolas, pero con motor. El único canal, enfocado como si fuera la quinta maravilla. Sin embargo, la comida fue buena, aunque muy pesada. Nos atrevemos a probar un plato típico de la región de Porto, las francesiñas. El paseo por las calles está bien, pero da para un rato. Desde luego, no para pasar unas vacaciones.
Empieza la odisea, conducir hasta León consumiendo lo mínimo para que llegue la gasolina. Circulamos por autopistas a 90 km/h. Sin embargo, al paso por Verín comprendemos que no vamos a llegar. Segunda gran genialidad de Alfonso, recargar en una gasolinera sin apagar el motor. Con eso llegamos a León, donde que hay que descargar las maletas sin apagar el coche para poder devolverlo. Pero lo conseguimos y terminamos las vacaciones rumbo a la cama para disfrutar del merecido descanso.
Libros del verano 2016. Cuarta parte
He de reconocer que tengo debilidad por Valerio Massimo Manfredi. Si encima me promete una historia sobre un ejército griego, como ocurre en "el ejército perdido", ya me tiene medio ganado.
Sin embargo, este libro me ha defraudado. La primera mitad está muy bien. Pero tras las batallas la huida del ejército se hace pesada. Es cierto que es la parte que pone en valor de verdad a éste ejército. Sin embargo la sucesión de inconvenientes de todo tipo que se van encontrando hasta llegar al final parecen una película de buenos y malos en las que los buenos no acaban de conseguir algo cuando se encuentran con otra cosa un poco peor. Y al final, conseguir sobrevivir con una vuelta de tuerca final que nadie esperaba.
Un libro, en definitiva, que me ha defraudado.
Libros del verano 2016. Tercera parte
Cuando me encontré con el último libro de John Le Carré lo dejé olvidado porque, tras leer las primeras páginas, en Gibraltar, me dió la impresión de que la historia no daba para más. Tras pasar por la roca este verano, me pudo la curiosidad y lo empecé de nuevo.
La historia se basa en el encubrimiento, por parte del gobierno, de una acción fallida. Lo curioso del caso es que quiere encubrir una acción desarrollada dentro de su propio territorio, aunque realizada con mercenarios. Y ahí está el argumento principal, cómo para encubrir sus pasos ante el electorado, los cargos políticos emprenden acciones que, lejos de ser beneficiosas para el país, son beneficiosas para ellos. Es en ese aspecto donde el autor se mueve con maestría, hasta llegar a un final desalentador, como no podía ser de otra manera.
Los tiempos han cambiado, y Le Carré con ellos. Sigue haciendo novelas de espías con maestría, pero se ha adaptado a lo que ocurre hoy en día. Para los de mi generación le falta intriga, pero es evidente que ese misterio que había tras el telón de acero ya no existe. Por lo tanto está bien y si cumple con lo que dice el título: "una verdad incómoda"
Libros del verano 2016. Segunda parte
Un libro curioso. Unos días antes de coger las vacaciones oí en la radio una entrevista con el autor. Tengo que reconocer que me intrigó la propuesta, una historia de espías en el Madrid de la posguerra con los ingleses y alemanes, inmersos en plena Guerra Mundial, mezclados con las penurias de la reconstrucción de un país.
La historia no está mal y te atrapa, pero le falta mucho para ser un libro redondo. Al final te queda un sabor a lectura de entretenimiento para un verano, sin más.
Sin embargo, no puedo obviar el morbo que produce la lectura sobre hechos que ocurren en una ciudad todavía devastada. En ciertos aspectos habla de cosas que nos pueden hacer imaginar un cierto parecido con la Viena de películas como "el tercer hombre". Aunque el autor se queda cojo y no llega a ser capaz de describir con la debida extensión y profundidad ese Madrid de los años cuarenta. La historia, además, no deja de ser, al final, un pequeño cuento que se alarga en páginas y páginas para llegar a la extensión que el autor considera adecuada.
Pero no quiero ver todo negativo. La historia te engancha y las descripciones son leves, pero suficientes para dejar a tu imaginación volar. Por tanto, una pequeña buena historia para la playa.
Espero volver a saber del autor Manuel Hurtado. Y espero todavía más que su nuevo libro siga mejorando, porque éste no es un mal comienzo: "la librería del callejón.
Vacaciones 2016. Duodécima parte
Una noche nos vamos a cenar al pueblo marinero antiguo de Sancti Petri. La primera impresión es de abandono. Es evidente que hace años hubo aquí un poblado Marinero, aunque ahora no queda nadie. Sin embargo, ha resurgido con los dos o tres restaurantes que se abrieron junto al pueblo deportivo. Nosotros, en cualquier caso, no nos dirigimos a ninguno de ellos, nos vamos a la Cofradía de pescadores. Ningún lujo, pero comida exquisita a precios populares. Disfrutamos de las tortitas de camarón, dela carne maravillosa, de los pescaítos, ... al fin y al cabo estamos en Cádiz.
Después nos acercamos al centro de Sancti Petri, al mercadillo y a la feria. La niña disfruta como loca de las atracciones mientras Alfonso me aparece con una pulsera con la bandera española que me pongo orgulloso. La pena es que se compre dos días después.
Todo lo bonito que tiene el puerto pesquero y la zona de los hoteles donde nos alojamos, se pierde en esta zona de bares y pubs que se podría ver igual en cualquier punto de las costas del Mediterráneo. Pero es lo que quiere el turismo de masas, ¿qué se le va a hacer?
domingo, 28 de agosto de 2016
Libros del verano 2016. Primera parte
Este verano he intentado leer novela de muchos géneros distintos, pero al final he terminado leyendo más novela negra y de viajes que de otros tipos. Siempre se nos termina viendo el plumero a todos.
Para empezar quiero hablar de Mary Jungstedt.
Ha abandonado la serie del inspector Knutas y la isla de Gotland. Ahora se ha ido a Las Palmas de Gran Canaria y ha creado una nueva pareja de detective y periodista. La novela está bien, pero la magia de Visby, que todos nos imaginamos con esa luz mortecina del norte, el misterio que el clima y la oscuridad conferían a las novelas, ha desaparecido. Quizá su nueva vida con su pareja le obligue a escribir sobre el sitio donde vive, pero parte de la sensación de peligro que había en sus libros ha desaparecido.
No quiero decir que el libro no me haya gustado, pero le falta algo para llegar al nivel de los anteriores.
Por cierto, estoy hablando de "Mar de nubes" de Mary Jungstedt.
miércoles, 24 de agosto de 2016
Vacaciones 2016. Undécima parte.
Empezamos la mañana del viernes en el Hotel "diplomatic" de Lisboa cogiendo el coche y bajando desde la plaza del Marqués de Pombal hasta la plaza del Rossio. Desde allí atravesamos la Baixa y llegamos a la plaza del Comerço, para girar a la derecha siguiendo el cauce del Tajo. Todo esto para anunciar la llegada a Belém, entrar en "los pasteis de Belém" y tomarnos un soberbio desayuno bien lleno de los maravillosos pasteles típicos de aquí.
Después viene la sorpresa: el maravilloso monasterio de los Jerónimos. No se puede decir nada porque es imposible describir la maravilla.
Una cosa que me sorprende es el camino entre el monasterio y la torre de Belém. Lo han transformado en una zona cultural con varios museos, galerías de arte y naves preparadas para artistas.
La torre de Belem es, fundamentalmente, bonita por fuera, porque dentro prácticamente no hay nada que ver. Sin embargo el día es precioso y la orilla del Tajo merece la pena. Tiempo habrá para comentar lo que nos depara la tarde.
lunes, 22 de agosto de 2016
Vacaciones 2016. Décima parte
Cuando antes de salir de vacaciones te tomas un espléndido desayuno y luego emprendes viaje tranquilamente, todo va más relajado y se disfruta más. La consecuencia, dos horas y media más tarde, paramos en Vidago.
Este hotel/balneario trae siempre a la memoria imágenes de principios del siglo XX. Siempre merece la pena parar un rato en él, aunque sólo sea para hacer unas fotos. Si encima te encuentras a Alfonso al piano empezando la gira por Portugal, pues ¿qué vamos a decir?.
Después de una coca cola, y el pertinente helado para la niña en el café de enfrente, continuamos viaje. Pronto llegamos a las colinas que enmarcan el Duero. Las terrazas están en unas pendientes que cansan sólo de verlas, pero el paisaje se antoja precioso. La verdad es que todos comentamos que ahora sí que nos convence volver otra vez a hacer la ruta en trenecito y en barca por el río.
Cuando ya nos veíamos en Coimbra se acaba la autopista. Un trozo que parecía corto se convierte en una hora de tránsito por una carretera con bastante tráfico y bajo un sol de justicia. Pero aún así llegamos a Coimbra.
Aquí todo de reduce a la Universidad. Pero tampoco pasa nada porque el salón de graduados, la capilla de Derecho y la biblioteca, junto a la terraza al río, compensan todas las horas de coche. Incluso la escalinata que subimos para llegar al campus se antoja menos dura después del atracón de arte.
Y para terminar un mirador al otro lado del río que permite hacer una fotos de la Universidad que la destacan frente a toda la ciudad, ¡cómo no puede ser menos!.