Cogemos carretera hasta Navia y nos tomamos un café en el puerto. Bueno, la niña se come un bocadillo de pollo con lechuga. Después vamos al castro de Coaña. Por fin lo vemos después de la visita fallida de hace un montón de años con Ana y Elena. El poblado está bien, la casa que han hecho como aula didáctica es buena y perfectamente integrada en el ambiente. Todo bien, aunque es pequeño. Aitana se cansa y se sienta en la puerta de la primera cabaña, así que no ve el poblado, que le vamos a hacer.
Nos vamos a comer a Navia y comemos una pizza vegetal y caramelizada, mientras la niña pide unos nuggets de pollo (que terminamos comiendo nosotros porque no tiene hambre después del bocadillo).
De nuevo en carretera y entramos en Luarca. Ni siquiera nos bajamos del coche. Los recuerdos de hace tantos años me retrotaían a un pueblo en cuesta volcado al mar. Y así es, las playas pequeñas y malas, el casco peatonal como tantos otros y el resto demasiado orientado al turismo. Seguimos ruta a Lugones para omprar unos cascos a Aitana en el chino. Curioso, me encuentro un alumno de La Robla que me saluda. Es agradle encontrarse gente de hace tantos años y saber de ellos. Después nos vamos al centro comercial e Ikea. Y como siempre el bar de la entrada, aunque en vez de café tomamos una limonada de coco, por cierto muy buena. Y perrito caliente al salir. Qué previsibles somos!.
Aitana ha estado todo el día con el móvil, sin hacernos mayor caso. Muy adolescente. En fin, hablamos con un educador que nos comenta que las salidas de fin de semana están garantizadas y que volver a casa será después del verano, cuando nos den una salida de 15 días y vean que funciona bien. A ver qué tal se arregla todo.
Hoy, por primera vez, hemos pasado la autopista y el puerto Pajares sin ninguna incidencia climatológica, tanto a la ida como a la vuelta. Ya era hora tener un día tranquilo conduciendo.
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