- "El 47" cuenta la historia de un acto de disidencia pacífica y el movimiento vecinal de base que en 1978 transformó Barcelona y cambió la imagen de sus suburbios para siempre. Manolo Vital era un conductor de autobús que se adueñó del bus de la línea 47 para desmontar una mentira que el Ayuntamiento se empeñaba en repetir: los autobuses no podían subir las cuestas del distrito de Torre Baró. Un acto de rebeldía que demostró ser un catalizador para el cambio, de que las personas se enorgullecen de sus raíces, de una lucha del vecindario, de la clase trabajadora que ayudó a crear la Barcelona moderna de los años 70.
- Estamos ante una reimaginación edulcorada al gusto de los catalanes de los hechos acontecidos en el barrio de Torre Baró en Barcelona. Comienzo con esta frase tan dura puesto que desde un inicio, ya me extrañó que una producción catalana fuera a abordar esta parte de su historia de forma fidedigna. Confirmado nada más verla que como esperaba: este trabajo redibuja una realidad acorde a los valores actuales del nacionalismo catalán, ese que disfruta oliéndose sus propios pedos y ninguneando incluso a día de hoy a andaluces y extremeños como si de paletos e inferiores se trataran. Y es una pena, porque esta historia tenía mucho potencial.
No verás un solo atisbo de racismo, xenofobia o rechazo de catalanes hacia los migrantes andaluces y extremeños que vivían en guetos chabolistas: no por Dios, el catalán no hace esas cosas, eso no ocurrió, corramos un tupido velo, solo vamos a mostrar a personas maravillosas llenas de amor y simpatía que siempre tienen una sonrisa y se solidarizan con el pueblo foráneo en sus demandas (final de la película vaya).
Es tal la hipocresía, que el único antagonista es precisamente andaluz. “No vaya la gente a pensar que en Cataluña hubo xenofobia contra los andaluces y extremeños… pongamos mejor de malo a uno de los suyos. Sí, sí, eso quedará genial: el único rechazo que sufran los andaluces sea de otro andaluz. Nosotros los catalanes somos diferentes, no rechazamos a nadie, mira mira, huele este pedo que acabo de tirarme, es un olor delicioso”.
El actor que interpreta al extremeño Manolo Vital, es obviamente catalán, ya que para poder olerse a gusto los pedos propios hay que poner a todos los habitantes del barrio Torre Baró, compuesto por andaluces y extremeños, a hablar en perfecto catalán, porque eso es lo que hace la gente de bien, y los migrantes de está películas son personas de bien. Es una vez más una realidad acorde al nacionalismo catalán más idílico en el que las bellas personas que llegan a su tierra se integran perfectamente, y eso se hace adoptado su lengua incluso dentro del seno familiar.
Es tal el tema, que me sorprende que para los créditos hayan puesto un esbozo de una canción popular del barrio, y en lugar de poner a Serrat suenen tonos flamencos cantados con acento gitano, ya que visto lo visto, no me hubiera sorprendido haber oído una canción en catalán con música de sardana haciéndola pasar como folklore propio de andaluces y extremeños del barrio.
Por otro lado, se ve que en los años 50 las monjas ya hablaban catalán como primera lengua ¿Dónde quedó la represión del régimen franquista contra las lenguas regionales? Nada, nada, en Cataluña se ha hablado siempre catalán sobre el castellano incluso en plena dictadura (y en la ciudad condal, que no estamos en un pueblo del interior de Girona donde este hecho si era natural).
Otros aspectos:
La representación de las diferencias sociales mostradas a través del coro de la hija me ha parecido una estupidez muy grande (en extremo sutil, para diluir cualquier autocritica), y ojo, que yo conociendo perfectamente la canción del gallo rojo y el gallo negro, he sentido vergüenza ajena con la actuación final, la cual busca generar un efecto lacrimógeno en el espectador que sobra en todos los sentidos. Que se miren el final -salvando las diferencias- de “El maestro que prometió el mar” a ver si aprenden algo de como impactar al espectador de forma dramática sin forzar con trucos baratos.
De hecho, en mi opinión este film debería ser un homenaje en modo de celebración a la lucha por los derechos sociales, y no una pastelada que fuerza el drama ante situaciones que realmente no fueron dramáticas en sí (refiriéndome al final).
Finalmente debo aclarar la película no es mala en si misma. Su producción deja un buen sabor de boca: la ambientación, guion (dentro de su fantasía), vestuario, interpretaciones: todo está a un buen nivel. - La escena final cuando detienen a Manolo debería haber sido un momento de gloria, de victoria y de celebración por la lucha social del barrio, con vitores de la gente, puño en alto, gritando por los derechos sociales… Pero no, nos plantan música dramática, cámara lenta, pasillo de personas mirando a lo “la lengua de las mariposas” que casi parece que lo llevan al pelotón de fusilamiento.
¡Hermano! ¡Qué solo iba detenido ya en democracia por salirse de la ruta con el autobús! ¡No era la postguerra ni había cometido un crimen de sangre! ¡Qué ganaron! ¡Que fue una victoria del pueblo! ¡Qué salió libre y hasta le devolvieron el trabajo! ¡No hace falta que te montes este drama en esta parte de la película!
El drama debió haber estado antes, pero se omitió porque dejaba en mal lugar a la sociedad catalana de la época.
Mucho que aprender en este aspecto de la película andaluza “Te estoy amando locamente” donde se muestra la realidad de la sociedad homófoba de la época, sin tapujos, sin buscar el quedar bien, denunciando lo que había que denunciar, y más importante, mostrando de forma heroica y celebración de la lucha de aquellos que estuvieron en el lado correcto de la historia.
Si hubieran hecho esta película en Cataluña miedo me da, para mi que no hubiera aparecido un solo homófobo en toda la trama, o bueno sí, uno andaluz, que esos sí pueden ser malos.
lunes, 25 de mayo de 2026
Películas de la primavera 2026 "El 47"
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