Esta película no tiene ningún sentido, tiene huecos en la trama que son horribles, que perdida de tiempo tan grande. Es cierto que el planteamiento inicial es intrigante, te engancha, pero la película cae en una estructura repetitiva que, en lugar de enriquecer la trama, la estanca. Se siente como si viéramos el mismo escenario varias veces sin una colisión narrativa real que justifique el formato. El resultado es un ritmo denso que no avanza hacia un clímax satisfactorio, es muy ambiguo.
La película parte de una premisa de altísimo riesgo que, lamentablemente, se derrumba debido a graves errores estructurales y de guion. Quise que me gustara, pero la ejecución falla en lo más esencial.
Se adoptó una estructura que repite los eventos centrales (el misil, las llamadas, las discusiones en el búnker) desde diferentes perspectivas (el presidente, el director del pentágono, el asesor). Sin embargo, este recurso narrativo, en lugar de sumar matices o profundizar en la tensión (como en películas como "Rashomon" o "Vantage Point"), resulta redundante. La película no logra que cada "repetición" se sienta como un avance sustancial; la mayor parte del tiempo, es simplemente el mismo diálogo o el mismo pánico visto desde otro ángulo, lo que provoca una enorme sensación de estancamiento narrativo.
El desenlace es, francamente, un desperdicio de la tensión construida. El film se corta justo antes de la decisión crucial, dejando al espectador colgado con un final abierto que se siente más a un capricho intelectual que a una necesidad narrativa. El mensaje subyacente de "la responsabilidad es tuya, espectador" no funciona cuando la trama ya se ha desgastado en bucles. En lugar de ser un final memorable y reflexivo, es un anticlímax perezoso que niega al público la catarsis esperada después de un thriller de esta magnitud.
También el mayor problema de coherencia reside en el motor de la crisis: la procedencia e intención del misil. Jamás se aclara de forma definitiva si fue un ataque real, un accidente o qué provocó el evento que desencadena toda la acción. La ambigüedad sobre la causa original o incluso el impacto real anula el peso de la decisión final del presidente. No se puede construir una crisis global creíble si el espectador no sabe contra qué, o contra quién, se está reaccionando. La incertidumbre inicial se convierte en un agujero de guion imperdonable que impide la inversión emocional que debería tener.
Sólo hay una virtud en el final. La falta de conclusión hace que tengamos que pensar qué pasaría si ocurriera un hecho como el relatado. Podemos pensar que todo es ilógico, pero una locura como ésta puede dar lugar a reacciones en cadena en la que termine todo sin saber por culpa de quién ha empezado, las causas, no las opiniones de todos. Simplemente el fin pudiera llegar por un capricho del azar. Preocupante. Creo que eso es lo que quiere plasmar la directora.
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