Es audaz, seria, innovadora, original, fresca, emotiva, realista, creíble, espectacular, bien realizada e interpretada... En definitiva, grandiosa, enorme en todos los aspectos (incluido el presupuesto que debe tener, el cual no alcanzo ni a imaginarme, la verdad).
En esta serie, se eleva el "remake" o reinvención a un nuevo nivel, planteando situaciones conocidas pero en un entorno completamente nuevo y sorprendente que, por diferente que parezca, no es más que el reflejo de la propia sociedad en la que vivimos... Al menos, para quien sepa leer un poco entre líneas.
Un reino imaginario, arcaico y ultramoderno a la vez, es el escenario de conspiraciones, manipulaciones, dobles o triples juegos y, por supuesto, algo de romanticismo. Una mezcla de escenario y argumento que debe ser bienvenida, porque se ha visto muchas veces en el mundo del cómic, pero muy pocas en medios audiovisuales. Y mucho menos si, además, pretenden posicionarse más cerca del realismo que del género puramente fantástico.
En todo caso, una prueba más de que la mayor parte de la creatividad y la capacidad de sorpresa hace ya unos cuantos años que se han mudado a una pantalla que cada vez es menos pequeña gracias a series como esta... Y al cada vez más decreciente precio por pulgada.
El corazón de la serie, que ciertamente tiene menos interés cuando no sale él, es, sin ninguna duda, el rey Silas, auténtico papel a medida de Ian McShane, el maravilloso Al Swearengen de la gran Deadwood, tras algún que otro descalabro en la pantalla grande ("Los Seis Signos de la Luz" y "Death Race", por poner un par de ejemplos).
Sorprende lo bien hecha que está, cuando en manos menos hábiles, habría sido facilísimo caer en el ridículo. Tan sólo espero que no la estropeen estirándola hasta la saciedad y tenga que ser cancelada.
Quizás es un poco previsible, pero mejor eso que la incoherencia de otras series muy valoradas que consiguen sorprender gracias al absurdo.
En esta serie, se eleva el "remake" o reinvención a un nuevo nivel, planteando situaciones conocidas pero en un entorno completamente nuevo y sorprendente que, por diferente que parezca, no es más que el reflejo de la propia sociedad en la que vivimos... Al menos, para quien sepa leer un poco entre líneas.
Un reino imaginario, arcaico y ultramoderno a la vez, es el escenario de conspiraciones, manipulaciones, dobles o triples juegos y, por supuesto, algo de romanticismo. Una mezcla de escenario y argumento que debe ser bienvenida, porque se ha visto muchas veces en el mundo del cómic, pero muy pocas en medios audiovisuales. Y mucho menos si, además, pretenden posicionarse más cerca del realismo que del género puramente fantástico.
En todo caso, una prueba más de que la mayor parte de la creatividad y la capacidad de sorpresa hace ya unos cuantos años que se han mudado a una pantalla que cada vez es menos pequeña gracias a series como esta... Y al cada vez más decreciente precio por pulgada.
El corazón de la serie, que ciertamente tiene menos interés cuando no sale él, es, sin ninguna duda, el rey Silas, auténtico papel a medida de Ian McShane, el maravilloso Al Swearengen de la gran Deadwood, tras algún que otro descalabro en la pantalla grande ("Los Seis Signos de la Luz" y "Death Race", por poner un par de ejemplos).
Sorprende lo bien hecha que está, cuando en manos menos hábiles, habría sido facilísimo caer en el ridículo. Tan sólo espero que no la estropeen estirándola hasta la saciedad y tenga que ser cancelada.
Quizás es un poco previsible, pero mejor eso que la incoherencia de otras series muy valoradas que consiguen sorprender gracias al absurdo.
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