Amanece en Guadalupe. Nada más levantarnos abrimos la ventana y vemos el monasterio, ¡Precioso!
Nos vestimos y vamos a desayunar a una churrería que habíamos visto ayer en la calle principal. Nos ponen el café y se les olvidan los churros, así que los renos que volver a pedir al cabo de un rato.
Después de volver a la habitación para recoger nos vamos. La carretera sube y atraviesa la sierra por unos valles poblados de arboles que se parecen al norte de León. Es sorprendente como tan al sur se repiten los paisajes en cuanto aparece la montaña. Finalmente bajamos hacia Castilla - La Mancha y vemos unas ruinas romanas en una colina al lado de un pantano. Parece que los romanos hicieron las casas para poder bañarse, aunque el pantano es muy posterior, claro.
Después de pasar Navalmoral de la Mata, Plasencia, Béjar y Salamanca, paramos en Zamora a poner gasolina ( por cierto, muy barata) y seguimos hasta el área de servicio de Villaquejida donde comemos. En el propio área hay un pequeño corral con gallinas y pavos reales que le encantan a Aitana.
Llegamos a León, deshacemos las maletas y nos vamos al parque. Siempre nos las arreglamos para que mini se lo pase bien.
viernes, 3 de agosto de 2018
Vacaciones del verano 2018. Décimo octavo día
Vacaciones del verano 2018. Décimo séptimo día
Fin de las vacaciones en el sur. Nos levantamos sin prisa, porque vamos a dormir en Guadalupe y eso implica menos kilómetros que otros años. Son casi las 10 cuando por fin nos ponemos en marcha.
La ruta es cómoda y super conocida. Las marismas de Cádiz entre San Fernando y Puerto Real, la AP4 hasta Sevilla y el puente del Centenario (¡sin atascos!). Paramos en la gasolinera de Itálica donde comimos en el 2013 con Javier y Zulema. Aprovechamos para ir al baño, tomar un café y nos comemos los primeros bocadillos de tortilla.
En la A66 cruzamos la sierra mientras Aitana se duerme. Ha pasado infinidad de veces esta carretera y no puede sonarle porque siempre duerme. Al llegar a Mérida nos desviamos por las radial A5 hasta dejarla en Miajadas por las carreteras que conducen a la montaña. El paisaje va cambiando, con lomas y algo más de vegetación. En casi la hora de comer y nos paramos en Zorita a tomar una caña y un helado. Curioso nos da peor tapa que a los parroquianos.
Continuamos y pasamos un pequeño puerto con paisajes ya de montaña antes de llegar a Guadalupe.
El pueblo está casi vacío. Más tarde nos comentan que el mes de julio es el más flojo de todo el año. Entramos a ver la iglesia y continuamos con el monasterio. Justo hay una visita con guía a las cuatro y la aprovechamos. Nos enseña el museo de casillas, de libros, de esculturas, el coro y la Virgen. Todo impresionante y emocionante (besar a la Virgen emociona). Pero lo más espectacular es la sacristía que se asemeja a la capilla Sixtina en la firma, aunque pintada por Zurbarán en vez de Miguel Ángel. Espectacular es poco decir. Admiración y algo más, ...
Terminamos la visita en el claustro. Este es el sitio donde podemos hacer fotos. Está muy bien, con un kiosko central con forma de flor y dos galerías totalmente diferentes: la baja románica y la alta mudéjar.
Después de visitar la tienda nos vamos al hotel y a comer. Escogemos un bar del pueblo donde había parado ya otra familia que había hecho la visita a la vez que nosotros. Curioso, en una de las mesas de al lado una familia francesa está viendo la final del mundial (que terminan ganando a Croacia por agotamiento de los croatas, que estaban jugando mejor). Probamos las morcillas típicas y una ensalada de pimientos bastante rica.
Nos damos un buen paseo por el pueblo rodeando el monasterio y vemos el parador, con un patio andaluz, las casas porticadas, el otro claustro del monasterio que ahora es una hospedería y las calles inclinadas con soportales típicas de los pueblos de la zona.
Aprovechamos para ir a misa al monasterio y después nos vamos a los columpios donde Aitana cena un potito y nosotros los bocadillos de tortilla que quedaban.
Al volver al hotel Aitana se cae y se roza la rodilla por lo que, sin cortame ni un pelo, meto el coche por una de las puertas de la parte antigua para dejarles en la puerta del hotel. La odisea viene después para llevar el coche a la salida, sobre todo la puerta en 90° del fin del pueblo.
Fin del día en una delicioso hotel donde nos regalan unos bombones riquísimos y una botella de vino que nos llevamos. Además los enseres de baño son completísimos. Se cumplen todos comentarios de la gente y las toallas tiene un tacto divino.
Vacaciones del verano 2018. Décimo sexto día
Último día de Sancti Petri. La luz cegadora del sur se nos escapa otro año más. Pero bueno, hay que aprovecharlo.
En la playa se dedica a saltar las olas con la tabla. Ahora que ya ha aprendido se lo pasa en grande. Después de comer, otra sesión maratoniana de tabla. Hoy nos traemos los monitos a la playa y los tomamos juntos para aprovechar la hora feliz.
Al subir a casa nos encontramos con Antonio y sus padres y se despiden con pena. Eso es buen síntoma, se lo han pasado bien.
Hoy nos quedamos a cenar en casa y a hacer las maletas. Yo sí que salgo a lavar el coche y a llenar el depósito para el viaje.
Vacaciones del verano 2018. Décimo quinto día
Día total de playa. Nos levantamos tarde porque mini duerme hasta las 11. Después de desayunar nos vamos a la playa con su pingüino. Juega tanto que empieza a flotar ladeado y al final se deshincha. Nos bañamos todos, primero yo y luego Tere. Por supuesto, Aitana se baña varias veces. Siempre me asombra la pasión que tiene por el agua.
Come os arroz con tomate y huevos cocidos. Le gusta tanto que se lo come todo y al final no es capaz de acabar el helado.
Tere se tumba un rato porque tiene un pie mal y hay que curar las heridas por lo que se tumba un rato. Aprovecho el gel de curar para arreglar el pingüino.
Bajamos a la playa y nos encontramos con Antonio y sus padres (el niño con el que juega en la piscina). Juegan a lo loco con pelotas y cubitos. El padre le enseña a Aitana a surfear con la tabla. Al final la disfruta como una descosida.
Al volver a casa mini cena y después nos vamos a Sancti Petri a cenar nosotros. Encontramos un restaurante nuevo donde tienen una pequeña habitación anexa al comedor con juguetes. Consecuencia, se lo pasa en grande con unas niñas que están allí y nos deja cenar tranquilamente.
Como ya es casi el último día nos vamos a la feria y vuelve a montar en el tren, el ciempiés y las colchonetas de saltar. Termina agotada y volvemos a casa felices y contentos.
Vacaciones del verano 2018. Décimo cuarto día
Otro día que amanece nublado. Sin embargo, entre el desayuno y echarnos la crema sale el sol.
En la playa Tere ve unos pingüinos que flotan y le compra uno a la niña. Se entusiasma y juega y juega sin parar hasta las tres.
Comemos en casa macarrones con huevos cocidos.
De tarde más playa y más pingüino. Aitana se lo pasa en grande y disfruta como una enana. Aprovecho la hora feliz del chiringuito para ir a tomar un mojito sentado en las mesas tranquilamente leyendo y viendo el mar y el sol al fondo. La luz es increíble. ¡Cómo me gusta esta playa!. Después le llevo el segundo mojito a Tere a la sombrilla.
Volvemos a casa y cena Aitana. Se come un huevo con salchichas como una campeona.
Terminamos el día yendo a Conil a cenar. Por no variar volvemos al Oasis para comer la mezcla deliciosa de pescaítos. Al dar el paseo volvemos a ver al payaso en la torre. El tío se lo curra como un campeón.
Nos comemos unos helados y volvemos a casa. Entre unas cosas y otras terminamos en la cama casi a las doce, así que la niña cae rendida. ¡Es una campeona!.
Vacaciones del verano 2018. Duodécimo día
Hoy amanece nublado. Así que cambiamos de planes y Rosa y Alfonso hacen la maleta y la meten en el coche. Día de excursión. Arcos de la Frontera.
Después de lo que nos pasó hace cuatro años, que casi nos quedamos atascados, decidimos aparcar abajo y subir en taxi hasta el Ayuntamiento.
La plaza es espectacular por las vistas que tiene al valle que se ve al fondo de la roca sobre la que se asienta el pueblo. El ayuntamiento no llama mucho la atención, pero la fachada central y la lateral de la iglesia son impresionantes. De aquí callejeamos un poco y vemos otra iglesia, un jardín, un patio, varios conventos, en definitiva, toda la parte de arriba del pueblo.
Cómo tenemos tiempo decidimos comer en un bar al lado del ayuntamiento: Alfonso hamburguesa de retinto, la niña salchichas, Rosamari y yo salmorejo y de segundo pollo yo y ellos tabla de embutido. La bebida sí que fue curiosa, pedimos tinto de verano y a mí me lo trajeron sin alcohol. Sin embargo lo curioso es que pusieron una naranja y un trozo de sandía de adorno, además de uvas y melocotón dentro.
Después de comer, bajamos andando al coche aprovechando para ver el resto del pueblo.
Llegó la hora de la despedida en el aeropuerto de Jerez. Los tíos se marcharon a Bilbao. Podían haberse quedado más días, pero en fin, asį es la vida.
Volvemos a casa y nos vamos a la playa aunque se nubla un poco y a las 8 nos volvemos.
Una buena cena de salchichas y huevo en tortilla francesa y a dormir, que el día ha sido largo y caluroso.
Vacaciones del verano 2018. Undécimo día
Otro día que nos llevantamos tardísimo. Terminamos he dicho a la playa a las 12.
Comemos en casa gazpacho y ensalada de canónigos con tortitas de camarón.
Tarde de piscina.
Al anochecer nos vamos de excursión a Puerto de Santa María (no hay mucho que ver, parece una ciudad colonial venida a menos) donde paramos a hacernos fotos en las bodegas Osborne.
Seguimos la carretera de la costa y vemos la base de Rota (enorme) y de allí a Chipiona. Mini se duerme en el coche y tenemos que comprar comida para llevar y cenar en un banco al lado del coche. Hay un ambiente de lo más andaluz. Nos hacemos fotos en la playa junto al santuario de la Virgen y vemos todo lo que se cuece por allí
La vuelta a casa se hace rápido porque ahora sí que vamos por la autopista.
Vacaciones del verano 2018. Décimo día
Mañana total de playa. Hay tanta gente (es domingo) que es imposible aparcar y tengo que subir casi hasta el Ilunion. Después de la playa vuelvo al coche y bajo a buscarles.
La comida en casa consiste otra vez en gazpacho y filetes de pollo. Aunque a mí me toca comer el puré que no quiere Aitana porque come arroz antes del filete de pollo. Para terminar nos comemos unos helados.
Cómo la playa estaba a rebosar preferimos quedarnos por la tarde en la piscina con el delfín. La niña se lo pasa en grande con otras dos niñas que se hacen amigas con el hincha le y las pistolas de agua.
Después decidimos ir a Conil por la carretera de Roche. Atravesamos el pinar y nos paramos en el faro a hacer fotos. Por no variar hay una puesta de sol preciosa y las calas de Conil se ven de un marrón espectacular.
Al llegar paseamos por el mercadillo y nos encontramos a Claudia (la niña de música). Terminamos en el Oasis como siempre, pero esta vez comiendo hamburguesas de carne de retinto.
Al pasear por el pueblo vemos una actuación de flamenco de unas escuelas del pueblo. No son maravillas, pero estando allí entretienen.
Antes de comer los helados Alfonso le compra a la niña el bolso que le había llamado la atención el otro día. Se pone más contenta que nunca y la cara de alegría vale su peso en oro.
Vacaciones del verano 2018. Noveno día
Mañana de playa. Estamos teniendo una suerte increíble. Nos llegan noticias de toda España con inundaciones, tormentas y mal tiempo en general. Nosotros, sin embargo, con sol y calor.
De nuevo pasamos por el super antes de comer en casa. Hoy toca filete de pollo, gazpacho y helado.
De tarde hacemos una de las tradicionales excursiones: Tarifa. Hace un día genial y se ve África perfectamente desde la carretera. En la playas hay infinidad de gente haciendo katesurf.
Después de cuatro años por fin entramos en el castillo de Guzmán donde aprovechamos para ver la exposición de Montseni. El castillo en sus almenas tiene unas vistas espectaculares. Por contra el mobiliario interior es muy pobre. Curiosamente, hay una capilla dentro del castillo.
A la salida nos damos un paseo por el interior del pueblo y vemos la zona de ambiente. Terminamos en los columpios y los caballitos. Aunque aprovechamos para comer un pastel típico.
Cómo es sábado aprovechamos para ir a misa (es curioso, pero terminamos en la misma iglesia que hace dos años).
Para terminar el día cenamos en una freiduría de la calle principal.
La vuelta a casa, ya de noche, nos brinda una imagen de la montaña de Vejer iluminada que es, sencillamente, maravillosa.
Vacaciones del verano 2018. Octavo día
Otra vez nos levantamos tarde. Entre desayunar, darnos la crema y eso bajamos a la playa a los 11 y media. Cómo hay bandera verde y buenas olas nos bañamos más de una hora. Después Tere y Aitana se van a recoger conchas. Sí que parezca increíble todavía nos volvemos a bañar más de una hora después.
Por no variar paramos en el super al volver a casa donde comemos lechuga con anchoas y ajo y huevos cocidos con mayonesa.
De tarde nos vamos a la piscina con el delfín que le hincho a Aitana. Allí se hace amiga de un niño que luego veremos muchas veces en la playa.
Al anochecer hacemos una excursión a San Fernando. Tiene un aire a ciudad del Caribe (por el tipo de casas). Paseamos por la ciudad y vemos la Academia de la Armada, el teatro Real, el castillo, la venta de Vargas, la calle mayor, las iglesias, ...
Decidimos cenar en la Venta, por lo típico. La verdad es que es un homenaje a todo lo casposo que existe en España. Pero aprovechan la leyenda de Camarón con todo. El camarero nos vende lalto y nos endilga sólo 3 raciones de pescaítos (casi al precio de 4) y una papas arreglás, que nos cobra como oro. Pero bueno, una vez es una vez.
Es curiosa la vida, cuando estamos en la venta esperando la cena entra a fisgarla Begoña, la orientadora. No nos vemos en el instituto y nos encontramos al otro lado de España.