Cuando una condesa húngara es encontrada ahogada en el baño de su lujosa suite de hotel, todo parece indicar que se trata de un suicidio. Un intenso escrutinio recae sobre su psicoanalista, Max Liebermann, quien pidió a la aristócrata que dejara de tomar su medicación y comenzara sesiones de terapia siguiendo las enseñanzas del doctor Freud. El comisario Oskar Rheinhardt se une al médico caído en desgracia para resolver el enigma de la muerte de la condesa y limpiar la reputación profesional de Max.

Una niña mendiga encuentra un cadáver mutilado en un barrio marginal. La mano y la lengua del hombre han sido cortadas, su identidad es un misterio. El director Strasser advierte a Oskar que la investigación no es una preocupación de la policía de Leopoldstadt pero cuando el inspector recibe mensajes anónimos relacionados con el asesinato, no puede resistirse a profundizar más.

El cadáver del hermano Stanislav es hallado oculto en una bóveda del monasterio con signos de haber sido brutamente golpeado. A pesar de la violencia de las heridas no hay rastro de sangre. Las primeras sospechas recaen sobre un judío religioso, Isaak Korngold, que recientemente había reprendido al monje por difundir la retórica antisemita. El detective Oskar Rheinhardt se ve obligado a arrestarlo como principal sospechoso.
Serie basada en la resolución de casos de principios del siglo XX, donde la estrecha colaboración entre los investigadores policiales y los psiquiatras lograron a través del desarrollo del perfil psicológico del asesino en cuestión trazar y esclarecer quién era el real culpable, en situaciones en este caso oscuras, misteriosas, en las que las desigualdades sociales, la diferencia de credos, de costumbres y políticas se abren paso proponiendo un contexto histórico absolutamente rico en matices y en elementos preferentes que actúan como escenario para narrar la difícil evolución entre tales investigadores y sus colegas alienistas.
El joven psiquiatra, Max Liebermann, deberá establecer una relación profesional difícil con el inspector Rheinhardt, reticente primero a la influencia del profesional, pero indispensable poco a poco.
Es la unión de tales campos lo que ha resuelto los mayores crímenes del siglo XX antes de que existiera el ADN, configurando así un abanico en el que un todo tal y como es la psicología humana, la respuesta del hombre a determinados qué estímulos esperables o no dejan paso a un carácter y modus operandi determinados que junto a las pistas y al resto de las insvestigaciones policiales de campo componen diferentes partes que coinciden como un puzzle para lograr reconstruir la verdad de lo que pasó.
Al mejor estilo de la oscuridad casi victoriana, pero esta vez en Viena, no ambientada como "El alienista" en New York o en Inglaterra, recoge de ésta la batuta para hacerse su hermana, y explicarnos el desarrollo en conjunto de aquello que representa Rheinhardt y Liebermann, seguidor de Freud, buscando toda respuesta humana ante la histeria.
Campos reticentes uno de otro, como demuestra los exámenes de los que Rheinhardt es objeto por parte del estudiante de psiquiatría, su evolución poco a poco a medida que los crímenes serán esclarecidos es lo verdaderamente innovador de esta serie, que junto a "El alienista" son las mejores series en la parrilla en estos momentos.
Las temáticas de la resolución de crímenes de principios del siglo XX es apasionante para el público que guste de conocer las investigaciones policiales, y el entorno que muestra no podría ser mejor junto al reparto.
Los personajes femeninos vienen soportados por la presencia de Jessica de Gouw, en la representación de la sensibilidad y la caída en la locura y la desesperación en un mundo incapaz de resistirse a los artistas sin dejar su marca en ellos ante la incomprensión, muy al estilo de Tim Burton o de John Logan.
Amelia será así un personaje clave en la evolución de tal sentido para un personaje independiente y decidido, mientras que los casos que engrosan temáticas como el ocultismo, la desigualdad, la búsqueda del propio interés entre otras cosas correrán paralelos a la muestra de las imposiciones culturales, como la familia judía de Max Liebermann irán enseñando.
La perspectiva romántica existe también, en un mundo donde el amor parece nacido para ser un segundo plano pero que se cuela por debajo de la puerta para suavizar y añadir ese elemento sorpresa y atrayente para toda clase de público.
Es una serie muy buena porque deja todo lo políticamente correcto a un lado y tan solo muestra lo humano, su locura, su genialidad, su cura y su estudio, y la doble moralidad, toda vez que somos tocados para crear monstruos o ángeles, o tal vez para ser nosotros mismos.
Altamente recomendable para los amantes de la resolución de crímenes y su metodología a lo largo del siglo XX a medida que nuevas tecnologías y doctrinas van surgiendo para trabajar paralelas.
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