jueves, 15 de septiembre de 2016

Libros del verano 2016. Octava parte

Leer a Elie Wiesel es una sensación fuerte, y aterradora.
Este verano he leído la "trilogía de la noche" y es fuerte, muy fuerte.
La primera narra la historia de un niño, él mismo, en un campo de concentración. Son hechos reales, ¡ocurrieron!. Se parecen a muchos que hemos oído. Son aterradores. Sin embargo estamos tan sensibilizados sobre el Holocausto que ya parece que no nos puede impresionar más.
La segunda narra una noche en Palestina, cuando los israelíes luchaban contra los británicos. ¡Espeluznante! Después de pasar por un campo de concentración no hay razón que pueda explicar lo que se vé obligado a hacer.
La tercera parte trascurre varios años después en Nueva York, donde el autor era periodista, cuando está en el hospital por un accidente de coche. Las reflexiones sobre su vida y el destrozo moral derivado del campo son brutales. Una auténtica y malsana filosofía de vida.
He de reconocer que la segunda y tercera parte me han impactado. La primera es brutal, pero ya lo sabía. Las otras dos nunca las había pensado. Reflejan las consecuencias del campo de concentración en la vida de los supervivientes. Sobrevivieron, sí, pero destrozados física y mentalmente.

lunes, 12 de septiembre de 2016

Vacaciones del verano 2016. Decimo octava parte

Una mañana de sábado cogemos el coche y nos vamos rumbo a Toro. El objetivo es ver las edades del hombre y disfrutarlas junto a Eugenia y Juanma.
Aparcamos frente al castillo y esperamos a que lleguen. Desde allí nos dirigimos a la iglesia para ver la primera parte de la exposición. Después de ver "Aqua" tomamos un vino y nos dan un regalo para la niña: una mochila de Marshall y un Rocky, además de unas pinturas. Como siempre, lo mejor del día es ver la carita de la niña cuando vé las "sorpresas".
Decidimos cambiar la comida e irnos a un bar de los que jalonan toda la plaza. Decisión equivocada. La comida es regular y el servicio pésimo.
Llega la tarde y vemos la segunda parte de las edades antes de dar un paseo por el casco histórico. Después nos vamos al castillo y vemos las impresionantes vistas que hay desde las almenas al río Duero.
Al marcharnos, como siempre, hacemos las promesas habituales de vernos más, aunque sabemos que la realidad, tozuda, nos indica que nos veremos poco.
Al volver paramos en un pueblo que tiene unos patos en un pequeño estanque. La niña abre la boca con la sorpresa de los patos y a nosotros se nos cae la baba de verla a ella.
En definitiva, otro día maravilloso que se hace corto. La única pena es que Elena no vino porque apareció por casa a las diez de la mañana, ¡y eso que la había avisado!

domingo, 11 de septiembre de 2016

Vacaciones de verano 2016. Vigésima parte

Estar de vacaciones en Cádiz, otra vez, es maravilloso por sí sólo. Ver de nuevo la luz blanca que hay durante todo el día, los atardeceres rojos de la costa, los maravillosos pueblos blancos, ...
Pero este año, además, nos depara una sorpresa inesperada. A los dos días de estar allí quedamos con Miguel Ángel y Ana para cenar en Conil. Increible, pero cierto. No encontramos cuándo ni donde cenar en León y, sin embargo, terminamos cenando a 800 km de casa.
Las calles de Conil todavía no presentan el lleno que tendrán dentro de unos días. A principios de julio aún no ha llegado la avalancha de turistas y se puede pasear sin estar permanentemente dando empujones.
 Cenamos en una terraza enfrente de la Iglesia y la Torre donde, dos años atrás, habíamos cenado durante la final del Mundial de fútbol. Aunque ahora, al  no haber fútbol, está bastante más llena. Aitana está un poco inquieta y se mueve bastante durante toda la cena, así que al final, le dejo la tableta y se entretiene ella sola.
Un paseo después nos lleva hacia la plaza principal y a comer un helado en una de las muchas heladerías que hay en la ciudad.
En definitiva, una cena distinta a muchísimos kilómetros de casa. Estos encuentros siempre "saben" mejor cuando se hacen lejos por lo increible que parece poder disfrutar con amigos en lugares inesperados.

Vacaciones de verano 2016. Décimo séptima parte

Estar de vacaciones en Cádiz, otra vez, es maravilloso por sí sólo. Ver de nuevo la luz blanca que hay durante todo el día, los atardeceres rojos de la costa, los maravillosos pueblos blancos, ...
Pero este año, además, nos depara una sorpresa inesperada. A los dos días de estar allí quedamos con Miguel Ángel y Ana para cenar en Conil. Increible, pero cierto. No encontramos cuándo ni donde cenar en León y, sin embargo, terminamos cenando a 800 km de casa.
Las calles de Conil todavía no presentan el lleno que tendrán dentro de unos días. A principios de julio aún no ha llegado la avalancha de turistas y se puede pasear sin estar permanentemente dando empujones.
 Cenamos en una terraza enfrente de la Iglesia y la Torre donde, dos años atrás, habíamos cenado durante la final del Mundial de fútbol. Aunque ahora, al  no haber fútbol, está bastante más llena. Aitana está un poco inquieta y se mueve bastante durante toda la cena, así que al final, le dejo la tableta y se entretiene ella sola.
Un paseo después nos lleva hacia la plaza principal y a comer un helado en una de las muchas heladerías que hay en la ciudad.
En definitiva, una cena distinta a muchísimos kilómetros de casa. Estos encuentros siempre "saben" mejor cuando se hacen lejos por lo increible que parece poder disfrutar con amigos en lugares inesperados.

sábado, 10 de septiembre de 2016

Libros del verano 2016. Séptima parte

Cuando televisión española anunció a bombo y platillo la emisión de una serie sobre un detective del siglo XIX llamado Víctor Ros, me propuse verla. Y como no podía ser de otra manera, no la ví. Así que busque la información y averigüe el nombre del autor: Jerónimo Tristante, y el del primer libro:"El misterio de la casa Aranda".
Ha sido una agradable sorpresa. He disfrutado leyendo el libro. La historia no es excesivamente compleja, pero la ambientación en el Madrid a finales del siglo está bien lograda, sin ser una maravilla. Al leer se es capaz de imaginar, aunque sólo sea parcialmente, la vida de aquel momento. Novela de verano, entretenida, pero sin desmerecer.

viernes, 9 de septiembre de 2016

Vacaciones del verano 2016. Décimo sexta parte

Una mañana en Lisboa nos dedicamos a bajar por la avenida da Libertade. Es una avenida al estilo de la Castellana de Madrid, con lujosos edificios del siglo pasado y numerosas tiendas de las mejores marcas. Sin embargo, todo da apariencia desértica, apenas hay gente y da la impresión de poca clientela de lujo.
Al final de la calle, ya casi en la plaza del Rossio nos encontramos dos calles inclinadas, una a cada lado, que pueden subirse en tranvía. Nos inclinamos por la de la derecha y subimos al mirador de Sao Pedro de Alcántara. La subida es espectacular, aunque sólo la usamos turistas.
Llegados al mirador nos encontramos una placita con unas vistas de toda la ciudad espectaculares. Está poblada por pintores y todo tipo de casetas claramente enfocadas a los visitantes de la ciudad.
Tras las fotos pertinentes emprendemos un paseo por la parte alta, con lo que atravesamos la zona de ambiente, donde todavía hay restos de la noche anterior. Casi todas las casas están recubiertas de azulejos. Es precioso, aunque comentamos que esto queda bien aquí, pero no en España. Terminamos llegando al café A Brasileira, donde nos internamos a tomar un fantástico café y a realizar fotos. El local sigue acondicionado con un estilo que recuerda a las películas de espías de la II Guerra Mundial. Seremos muy peliculeros, pero es fácil imaginarse como un espía en la Lisboa neutral.
Una vez fuera no nos queda más remedio que sentarnos con Pessoa y someternos a la más típica costumbre turística.
Pero es media mañana y el paseo debe continuar, Lisboa no espera y todavía queda mucho por ver.

jueves, 8 de septiembre de 2016

Libros del verano 2016. Sexta parte

Conocida es por todos mi afición a los viajes. Así que decidí comprar un libro de Miquel Silvestre "nómada en Samarcanda".
El libro narra el viaje desde Madrid hasta Samarcanda, atravesando los Balcones, Turquía, Georgia, Azerbaiyán y Uzbekistán. Sin profundizar mucho en ninguno de los países que atraviesa, sí que es entretenido y muy instructivo. Una mirada más sobre todos esos países. Quizá diferente, porque se desarrolla en moto. Además ha cogido la idea de algunos clásicos en la novela de viajes de hacer referencia a hechos históricos de los sitios por donde pasa, lo cual enmarca el viaje y las cosas que estamos imaginando de los sitios que nos describe.
En definitiva una buena novela de viajes, sin llegar a ser una obra maestra. Cumple sobradamente con lo que promete.

miércoles, 7 de septiembre de 2016

Libros del verano 2016. Quinta parte

Otra vez novela negra. Y otra vez sueca. Está vez voy a hablar de "Misterioso" de Arne Alt.
El libro en sí me parece bueno ya sólo porque me ha impulsado a buscar y escuchar la canción de Therelius Monk que da título al libro. Es increíble las veces que te la menciona que te obliga a escucharla, porque si no crees que dejas incompleta la lectura.
Por otro lado, es libro está bien estructurado y no es tramposo, te va llevando hacia el final de manera lógica y sin artificios innecesarios. Toca además varios temas de actualidad, como son las mafias del este, la inmigración y, sobre todo, los parados y la desesperación que entra cuando se rompe tu modo de vida.
En definitiva, una buena novela negra que consigue lo que pretende, intrigar y entretener

lunes, 5 de septiembre de 2016

Vacaciones de verano 2016. Décima quinta parte

Después de pasar un día entero paseando por Lisboa, decidimos ir a cenar al barrio de Alfama. Por eso nos metemos a la derecha de la catedral por la calleja que desciende. Una calleja que, sorprendentemente, tras pasar el primer requiebro se alarga muchísimo más de lo que aparenta. Nada más entrar nos encontramos un vendedor que nos ofrece tres alternativas para escuchar fados. La verdad es que le seguimos, pero después de ver los tres decidimos seguir y adentrarnos más y más en el barrio. Los sitios se van haciendo más populares, pero rápidamente vemos que son una atracción turística, muy lejos de lo que pudiera ser la esencia del fado.
Una fotos después, nos damos la vuelta y volvemos a la catedral para bajar a la Baixa a cenar. Pero en la Rúa da Conceição, esquina dos faqueiros nos metemos en un pequeño bar donde cenamos un menú barato y de la mejor calidad que hemos probado en Lisboa.
Sólo queda dar otro paseo por la Baixa que se convierte en una fiesta, gracias un africano que toca unos tambores con todo el ritmo que nadie se pueda imaginar. Hasta la niña bailó con él.
De nuevo en la plaza del Rossio decidimos aprovechar el bono que tenemos para volver al hotel y así probar el metro de Lisboa.

jueves, 1 de septiembre de 2016

Vacaciones de verano 2016. Decimo cuarta parte

La costa de Portugal en la desembocadura del Tajo, entre Belém y Cascais tiene una luz especial. Es una costa de pequeñas calas en la que se ven mansiones espectaculares, algunas venidas a menos de épocas pasadas. Se pasa por Estoril donde los sueños de la existencia de un rey de España en el exilio se nos hacen muy presentes. Vemos el casino, pero lo nuestro no es jugar. Un recorrido en coche y nos vamos hasta Sintra. Está muy cerca, pero ya es Sierra. Nada más llegar al centro cogemos la carretera que sube al castillo da Pena, pero no nos apetece entrar. Después de los Jerónimos nuestras ansias de arte están colmadas.
Así que bajamos al centro de la ciudad a pasear por las Callejas estrechas en cuesta, a comer, a deleitarnos con unas casadiellas (no malas, pero nada que ver con las asturianas), e incluso a encontrarnos con Jesús, compañero de Tere en el Instituto y mío de matería y Sindicato.
Poco a poco a cae el día y volvemos a Lisboa para pasear un rato por la plaza de Comerço y por la Baixa. La plaza se abre al río con una escalinata poblada de gente disfrutando de la brisa y el paisaje. La Baixa, por contra, no refleja tranquilidad, está llena de bares con gente cenando, tomando algo o, simplemente, disfrutando de los espectáculos callejeros que hay.
Antes de terminar el día, Maritere compra en un bar un coco y disfruta tomando el jugo con una pajita. Otra experiencia pendiente de hacer que se cumple.