Empezamos la subida al puerto que lleva a la frontera, la luz es distinta de la de ayer, pero el valle de los baños sigue siendo profundo y oscuro. Los edificios de la frontera son los de mayor tamaño que he visto. Me parece curioso que una de las carreteras más aisladas que hemos conocido es la que tenía mayor control. Quizá sea porque los guardias tenían que vivir allí. Tras pasar el paso iniciamos el recorrido por el parque. La bajada inicial por la carretera nos sorprende porque los rayos de sol atraviesan la cúpula vegetal que vimos ayer en el recorrido y dan unos reflejos sorprendentes. Pero lo mejor comienza tras pasar la cascada. El bosque se vuelve tan frondoso que es imposible ver un rayo de luz. Hay momentos que la vegetación es tan densa que se encienden las luces del coche porque vamos como por un túnel. Y para conservar el parque han clavado estacas en el borde la carretera para impedir que los coches se paren. Se suceden diversos hábitats característicos de la flora local y de las especies endémicas, preservadas en armonía con el desarrollo socioeconómico. Las políticas de protección ambiental adoptada en el pasado, permitieron preservar la biodiversidad de este espacio transfronterizo, ofreciendo vida a esta intrincada matriz geomorfológica, serpenteaba por las corrientes de agua que dan forma al propio espacio.
La parada en la casa que hay cuando termina la parte más densa del parque permite a Tere conversar con unas personas, que de nuevo resulta que no son portuguesas, son rusas. Increíble y de risa. Allí vemos unas vacas de una raza endémica con unos cuernos enormes. Continuamos la bajada por una parte del parque que se abre un poco para dejar ver una garganta espectacular. Sin embargo, en cuanto cogemos alguna curva sombría, la densidad de la vegetación vuelve a aumentar hasta dejarnos a oscuras. Llegamos a comentar que hay árboles tan altos y con tantas ramas que pueden parecer de "Yosemite" o de cualquier otro parque estadounidense. Las laderas pobladas de árboles crean un bosque de unas dimensiones colosales. Y de una belleza deslumbrante.
Cuando llegamos a Gerés nos espera una sorpresa que no nos podíamos creer. Estamos en un pueblo termal de unas dimensiones desconocidas en España. Varios balnearios, piscinas, casa rurales, supermercados. Nos sorprende!. Pero la gran sorpresa espera mas abajo, en el pantano. Un verdadero Benidorm de chalets, barcas, piragüismo, motoras, restaurantes... Y gente, mucha gente. Todo de unas dimensiones que no esperábamos en Portugal.
Cogemos la carretera que nos dirige a Chaves. Sube y sube y luego circula por la ladera de las montañas viendo al fondo el pantano. Y más tarde otro pantano. Un recorrido que empieza en zona y paisaje de montaña y que se va modificando hasta el paisaje de meseta que hay en Chaves. Me gusta conducir por estas carreteras que hacen que el viaje sea agradable y no simplemente un impás entre la salida y la llegada. Paramos en un bar de carretera y, aunque parezca un chiste, cuando Tere habla con un matrimonio portugués resulta que saben español porque vivieron en Venezuela.
Chaves, las grandes tiendas de la entrada. Donde somos la excepción que no compra nada. Aparcamos cerca del puente romano y del famoso km 0 de la N2. Multitud de moteros se retratan para recordar el principio o el fin de su aventura. Cruzamos el puente y buscamos donde comer. Cuesta, pero terminamos en "O Brasileiro". Un local pequeñito donde nos deleitan con un plato de sopa, bacalao y mousse de mango. Todo muy rico y a un precio razonable de 48€. Tere consigue hablar con la camarera y así practicar un poco. Ya casi habíamos perdido la esperanza. Después damos un paseo por la parte alta y disfrutamos del castillo. Al salir nos vamos al Leclerc (ya convertido en un clásico). Y para comprar un libro Tere interpela a un empleado, que resulta que sabe español. Lo de hoy se ha convertido en un chiste. Parece increíble que sea imposible hablar con un portugués en Portugal.
Viaje hasta España sin paradas. Aunque tenemos un pequeño problema en la gasolinera que se arregla de inmediato.
Gerés 8:
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