Hemos llegado a casa y ha estado toda la mañana con el móvil en su habitación. Algo normal en los adolescentes. Aunque, en su caso, creo que debería intentar tener algo más de relación con nosotros.
Bien en la comida, come en la mesa, que ya es una mejora! Tarde de móvil y ordenador y tras la cena vuelta al Hogar. Le he recalcado que estar todo el día a su rollo, sin hablar con nosotros y sin participar en nada no es lo que queremos para restaurar la convivencia. Creo que sigue sin entenderme.
Continúa la relación con su madre por medio de llamadas continuas y peticiones. Yo creo que agobia más Aitana a Ana que a la inversa. Pero está relación que hace que la niña esté siempre con angustia es nefasta. No puede ser bueno que una persona forme su cerebro y su personalidad pasándose el día preocupada por la madre. Se invierten los papeles, la hija se preocupa de la inestabilidad de la madre. Aunque no es capaz de apreciarlo, Ana está desatendiendo a su hija y además le transmite su vida desastrosa haciendo que la niña no se sienta segura y protegida.
En definitiva, seguimos viendo que esto no prospera en la dirección adecuada. Mientras Aitana sólo piense en cómo vivir con su madre, en cómo cuidarla, en cómo conseguir que la atienda, ..., no avanzaremos. Y así no hay vuelta a casa posible. Una repetición de lo acontecido en el último año sería totalmente destructiva para los tres. Y como adulto que soy tengo que evitar eso al precio que sea. Aunque me duela, y cómo duele!
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