Nos vamos a ver las Edades del Hombre. En la iglesia de San Cipriano la niña se echa a llorar y tiene que salir. Nos reprocha que la hiciéramos ir a misa y haber hecho la Comunión. Chantaje emocional! Luego se niega a entrar en la catedral y nos espera sentada al sol en la plaza.
Buscamos donde comer y terminamos en La Competencia. Por no variar se come unas croquetas, pero prueba las de cecina, lo que ya es un logro. Aprovecha la comida para recriminarnos de nuevo que nuestras decisiones hacen sufrir a todos, aunque incide en la depresión de su madre. Después se centra en pedirnos ropa de nuevo en Shein.
Vuelta a León y de nuevo ni una palabra en todo el viaje. En casa se mete en su habitación y no sale ni para merendar, otra vez tosta de pan con jamón (es obsesiva cuando algo se le mete en la cabeza). Y viene a hablarnos para hacer el pedido. Da la impresión que somos una fuente de sacar lo que quiere y nada más.
A las 9 y media la llevamos de vuelta sin cenar porque dice que no tiene hambre. De nuevo nula conversación.
Me parece que esto no avanza. Seguimos siendo el enemigo al que se utiliza y nada más. Es evidente que echa de menos su vida en la única casa que ha conocido, pero no tengo tan claro que nos eche de menos a nosotros. Y una cosa es la adolescencia y otra el desapego!
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