El inspector Humphrey Goodman toma posesión de su cargo en Devon. Pero con un alto índice de criminalidad, puede que las cosas sean más turbulentas de lo esperado.
Me encantaba Humphrey Goodman en 'Crimen en el paraíso' . Aquí la verdad es que he podido disfrutar del paisaje, 'Shipton Abbott' es muy bonito; las casas, las calles, incluso las carreteras porque son de campo y a mí me encanta esa tranquilidad y muchas veces conducen con vistas al mar.. Pero creo que hay un fallo muy gordo y es que acostumbrada como estaba a verlo en la serie original donde mis ojos veían paraíso por doquier y la gente (los actores) que lo acompañaban hacían muy buen trabajo: me encantaba Camille como lo reñía por ser tan torpe, Dwayne y J.P. era geniales y tenían sus chascarrillos y bromas. Te divertías.
Por desgracia aquí creo que falta eso. Intentan que los personajes sean graciosos y aunque puedes decir "¡Qué mono y majo es!" del crío no hay nada más allá. El inspector Humph es el que lleva el peso y el pobre lo consigue pero claro, sin unos secundarios que ayuden pues queda un poco flojo. Él no puede hacerse cargo de la serie entera y para mí es lo que pasa. Al menos Marta y su madre sí que tienen algo de gracia. La madre como suegra es divertida y ha apoyado a Marta.
Que te presenten la nueva serie y ya te metan, ¡en el primer capítulo!, que la pareja tiene problemas reproductivos y lo mal que lo han pasado me parece un poco fuerte. Por lo menos explóralo DURANTE la 1a temp. y así puede que tuvieran tema pero casi lo han resuelto y llevan sólo dos temporadas de ¡6! capítulos.
Me encantó que hicieran el "nosécómosellama" de ir al Caribe y conocer al nuevo equipo, eso me pareció un puntazo.
En esta nueva entrega de seis episodios, el detective Goodman se muda a un encantador pueblo inglés con su prometida, también vista en la serie original, y que servía de excusa para la marcha del protagonista. Pues bien, mi entusiasmo inicial se ha esfumado de un plumazo, al presentar unos casos sin sustancia, y con unos episodios que te dejan la sensación de que hay cosas mucho mejores que ver.
A ver, si no te pones demasiado exigente y sabes a lo que vienes, quizás te dejes llevar por las nuevas aventuras de Goodman, con una serie procedimental que ya hemos visto todos y que jamás va más allá, por mucho que lo indique su título, al ser tan conformista como perezosa.
Entiendo que no hayan querido recurrir al asesinato como telón de fondo, por aquello de no pecar de reiterativos, pero, ¿en todos los capítulos? Y es que aquí no hay ni un solo homicidio, siendo los casos presentados los siguientes: un intento de asesinato, la desaparición de una familia, un misterio sobre un cadáver, y no, no es un asesinato, un robo, un pirómano, y otro robo. Y hacedme caso cuando os digo que las resoluciones no pueden ser más obvias, por no llamarlas directamente vagas.
Y es que los guionistas, en su afán por ser verosímiles, han renunciado por completo al mayor interés que podía tener la serie, es decir, los crímenes del título de la serie original, presentando casos rurales y de vecindario, dignos de un detective con ganas de jubilarse ya, porque más aburridos no pueden ser.
¿Por qué cambiar aquí el ADN de la serie original?
Pues ni idea, siendo una torpeza de los guionistas, pero si al menos la trama principal mereciese la pena, pero es que ni eso le conceden al espectador, forzando unos conflictos dramáticos tan innecesarios como evidentes, y que ya hemos sufrido en infinidad de producciones, telenovelas incluidas, porque esta producción coquetea con dicho subgénero en no pocas ocasiones, por no hablar de cómo han privado al gran protagonista de la gracia y magia que derrochaba en la serie original.
Este Goodman no está mal, pero no es el de Crimen el paraíso, siendo otro traspiés de los guionistas que confirman que no han sido capaces de plasmar la inocencia y torpeza de un detective irresistible. Es lo que pasa cuando haces lo que te da la gana, siendo una norma básica de todo spin-off que se precie: respetar los orígenes.
Y dicho lo malo, vayamos con los puntos a favor. Pues el actor Dylan Llewellyn funciona como alivio cómico, siendo todavía más entrañable que Goodman, aunque como he indicado, es por culpa de los guionistas, y el resto del reparto cumple, aunque lo que destaca es el desenlace de esta primera temporada, siendo un regalo para los fans de la serie original.
Fuera de eso, poco más hay que rascar, en una serie que sabe a poco y que deja la sensación de que este cacareado regreso de Goodman es demasiado descafeinado y se ha quedado a medio gas. Vamos, como las últimas entregas de ‘Crimen en el paraíso’.
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