El jueves hablamos con Aitana y la pobre se pone a llorar desconsolada. Es durísimo, pero no podemos ceder porque la convivencia era imposible. No entiende que no pueda venir a casa cuando se está portando bien. Pero se porta bien en la casa, no con nosotros. Cuando me mantengo firme sale su rabia y me dice que ya no seré más su tutor, que Ana ya está haciendo los papeles. Luego piensa que nosotros somos una forma provisional de escapar de la casa, no nos ve como algo definitivo. Eso no es cariño, es interés. Piensa que no la queremos, pero me veo incapaz de explicárselo bien y no hay forma de entendernos. Una verdadera tragedia. Pero la alternativa es mala para nosotros (volver a vivir en la guerra continua) e, incluso, para ella (no está haciendo lo correcto por las razones correctas y eso hace que esté a disgusto y tenga reacciones violentas).
Después hablamos con Ana y nos comenta que ya ha pedido que Aitana vaya con ella. Se la ve convencida de que no podemos más y le toca a ella dar el paso. Sin embargo, considera que la niña está mal diagnosticada y que debe dejar las pastillas. Yo creo que no quiere ver lo que no le gusta. Lo que pasa con Ana es que es una de cal y otra de arena y los pasos van a llevar mucho tiempo. Ya iremos viendo.
Pero el sufrimiento de la niña y el nuestro es tremendo. Y Ana sufre, pero a su manera. Lo peor es que la niña está sola en esa casa donde no se integra y no es capaz de convivir con ningún niño. Esperemos que aguante y no haga ninguna barbaridad. Pienso que si actuamos con miedo a esa posible "barbaridad" volveremos a meter el infierno en casa y eso no servirá para buscar una salida distinta a la niña, y mucho menos para mantenernos a nosotros con fuerza. Y lo que es evidente es que hay que buscar una vida diferente porque está le lleva a la hecatombe.
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