Reconozco que la decisión de dejarla de "manera definitiva" en la casa es la correcta. Por más que me duela es imposible no ver que el "odio" que nos profesa es peligroso. Y máxime cuando ya ha demostrado de lo que es capaz en varias ocasiones. Pero la congoja y el dolor de estómago, junto con la sensación de vacío son permanentes y horrorosos. Y la idea constante de fallarle a la niña no deja de estar en mi cabeza. No puedo dejar de pensar que su futuro se está truncando en este momento. Y no podemos hacernos ilusiones con que Ana ejerza de madre. Eso no va a ocurrir. La niña se va a quedar sola sin nadie que la vaya a ver. Y eso me duele todavía más.
Tengo que vivir con este pesar, pero no puedo dejar de pensar que esto me está matando. Y la quiero tanto!. Y está tan borde!. Y es tan peligrosa!
Tere está inflexible con el tema. Disimula repitiendo permanentemente que es lo único que se puede hacer, que la niña es imposible,... Pero yo sé que lo está pasando mal y que no dice nada para no preocuparme a mí. Pero se le nota, habla como una metralleta, no calla un momento, no deja a nadie meter bola en las conversaciones, ... Está nerviosa y se le nota. Pobrecina, tiene que sacar la energía para tomar la decisión más dolorosa, pero la mata, igual que a mí.
Espero que esto no haya acabado. Pero no veo el camino a partir de ahora.
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