
El talentoso chef Jónas intenta recuperar la confianza de su familia tras su encarcelamiento. Rechazado por la sociedad, acepta fondos ilícitos para abrir un restaurante, lo que lo lleva al lavado de dinero. Esto pone en peligro su libertad condicional, su vida y a sus seres queridos.

Jónas ayuda a Marý a hacer desaparecer a la mula fallecida, pero se ve obligado a echar una mano a la hija del hombre que lo busca.

Jonas paga la deuda de Rosa con la banda rival con el dinero de Kristjan.

Mientras la policía investiga el accidente de Julia, Jónas aleja a sus seres queridos con la esperanza de protegerlos.

La chispa de Jónas y Katrín se vuelve a encender mientras Skúli relaciona a Kristján con el blanqueo de dinero en el restaurante.

Kristján amenaza a Jónas y Katrín con matar a sus hijos si no obedecen.
Aquí tenemos una historia inverosímil (asesinatos, tráfico de drogas masivo en Islandia, en serio?), que desprende un tufillo extraño a "apología" de la violencia. Quiero decir que se nos muestran hechos violentos (muertes, asesinatos, palizas) y los personajes apenas sufren las consecuencias de esos actos de los que son responsables. No es que yo sea Don Moralista precisamente, pero es un poco raro ver un guión con tan poco ethos, llega uno a pensar que está mal escrito. Se dirá que más violencia había en Breaking Bad, y es verdad, pero allí quedaba de alguna forma bien, y aquí no. Que los policías sean idiotas no es muy original tampoco.
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