Hasta hace poco a Canfranc sólo subí un coche a motor escuálido y con mala combustión. La línea binacional de Zaragoza a Pau, aún hoy interrumpida, se debatía entre la reapertura plena y su cierre definitivo. Y allí, en Canfranc, languidecía ruinosa la segunda estación más larga de Europa, un monumento descomunal que fue escenario de tramas bélicas y varias escaramuzas. Sólo tras años de dudas se ha restaurado y desde 2022 es un hotel de lujo.
El contraste con el AVE, resto de una España que creía en las comarcas.
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